Monty. 1066 En Falaise
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Mi padre guardaba toda una gran colección de revistas (¿se llamaban “Mundo”?) que trataban de la II Guerra Mundial. De jovencito ¿14 años? me las leí todas, y aún más, apoyándome en ellas y con la ayuda de una vieja máquina de escribir Olivetti, escribí, exclusivamente para mí, unas sucintas biografías de los generales ingleses Montgomery y Alexander, y del almirante Louis Mountbaten.
Pues bien, ahora trataré de escribir una biografía, espero que algo más seria, de Sir Bernard Law Montgomery “Monty”, mi general favorito de todos los tiempos.
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Cuando en junio de 1946, Montgomery llegó al Ministerio de la Guerra en Londres, para recibir su nombramiento como jefe del Estado Mayor Imperial, tenía exactamente 59 años de edad y, era uno de los personajes más controvertidos y discutido de Inglaterra.
Era todavía “Monty”, el dinámico hombrecillo de boina negra, el héroe de una aquilatada leyenda de invencibilidad. Creían que había triunfado cómo ningún otro soldado británico desde Wellington y, que, además, logró infundir a su obra una devoción, una inspiración y un talento tales, que en definitiva quedaba situado en la Historia, al lado de los más destacados adalides.
En cambio, para otros, Montgomery no era tal héroe, sino una especie de “juez Jeffrys” del Ejército (el barón Jeffrys, que vivió en el siglo XVII y desempeñó funciones de juez político, fue famoso por su brutalidad. La expresión inglesa “Juez Jeffreys, es sinónimo de infamia) un hombre áspero, limitado e insensible, que se creó una imagen de triunfador, mediante la utilización de la publicidad. Ciertamente – decían – durante la guerra obtuvo una serie de resonantes victorias, pero le acompañó una suerte extraordinaria. Siempre hubo detrás de él personas mucho más capaces, que llevaban a cabo el trabajo intelectual, mientras él cosechaba la gloria en el campo de batalla. Se ha creado en torno a él una grandeza artificial. ¿No fue, por ventura, demasiado circunspecto en sus campañas? ¿Demasiado lento, demasiado quisquilloso, demasiado desdeñoso del consejo?
Tales opiniones rebotaron de nuevo en América, en la avalancha de libros que se publicaron en la postguerra. Y Montgomery, de hecho, pasó a ser la caja de resonancia emocional, de las rivalidades anglo-americanas. No obstante, algo interesante brotó de todo esto: encontró amigos entre aquellos que le habían conocido íntimamente y, en los que le admiraban desde lejos. Sus enemigos, con una o dos excepciones, estaban a media distancia; eran hombres que no experimentaban la admiración, que las muchedumbres sienten por los héroes, ni habían alcanzado la altura suficiente, para sentarse al lado de los dirigentes, durante la guerra.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.