Talleyrand. De camino a Brumario. X
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Enardecido por la recepción del Consejo de Ancianos, el general, Napoleón, confiaba en dominar también, la fiebre republicana que agitaba a los Quinientos. Mas apenas hubo entrado en la sala, cuando la mayor agitación de se apoderó de los presentes. Todos los miembros, en pie, prorrumpieron en gritos por la profunda impresión que les causaba la aparición de las bayonetas y del general que entraba militarmente en el templo de la legislatura: “¡Violáis el santuario de las libertades, retiraos!” le gritaban muchos diputados. En vano Bonaparte, llegado a la tribuna, quiso balbucear alguna frase. De todas partes oía repetir los gritos de “¡Viva la Constitución!... ¡Viva la República!”. Desde todos los lados se le apostrofaba: “¡Abajo Cromwell! ¡Abajo el dictador! ¡Abajo el tirano! ¡Fuera de la ley el dictador!” le gritaban los diputados furiosos y alguno se lanzaban sobre él y lo rechazaban. “¿Tu vas a hacer la guerra a tu patria?”, le increpó Arena mostrándole la punta de su puñal. Los granaderos, viendo vacilar y palidecer a su general, atravesaron la sala para darle protección. Bonaparte, amparándose en su defensa, se marchó. Volvió a montar a caballo y se dirigió al galope al, puente de Saint Cloud gritando a sus soldados: “¡Me han querido matar!
Finalmente volvió grupas y se presentó de nuevo a sus soldados tratando de animar a los generales a acabar aquello con un golpe de mano… Luciano (su hermano mayor) inspirando a Napoleón toda su energía montó a caballo y, en calidad de presidente de los Quinientos, pidió el concurso de las fuerzas para disolver la Asamblea. Llevó consigo a los granaderos más gigantescos que Murat había colocado junto a la sala del Consejo, formados en columnas apretadas y se dio el toque de carga. La sala fue invadida a tambor batiente, y los diputados tiraron las togas y saltaron por las ventanas.
Los que quedaban en la sala aprobaron un edicto que sustituía el Directorio, por un triunvirato de cónsules formado por Napoleón, Sièyes y Ducos. Napoleón se proclamó primer cónsul, órgano al que se encargó redactar una nueva Constitución, la cuarta desde la Revolución. Fue en aquel momento cuando “Francia se entregó a Bonaparte como una chica guapa a los brazos de un lancero”, por citar la famosa frase de Stendhal. Y no es menos cierto que el público en general recibió muy bien el golpe. Talleyrand, consciente de que para muchos seguía siendo persona non grata, rehusó entrar en el triunvirato.
En la nueva Constitución el papel del parlamento, que siguió siendo bicameral, se redujo de forma notable. Tanto Talleyrand como Sièyes imaginaban que únicamente verían a Napoleón de manera formal, porque le aventajaban mucho en sabiduría, experiencia y sutileza
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.