El laborista Denis Healy sobre España y la OTAN a fines de los cincuenta
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Denis Healy (1917-2015) fue un destacadísimo político laborista que en primer Gobierno de Harold Wilson desempeñó la cartera de Defensa, entre 1964 y 1970, siendo el político británico que más tiempo habría ocupado dicha responsabilidad en el Reino Unido. Además, sería ministro de Hacienda en la segunda mitad de los años setenta, vicepresidente del Partido Laborista, además de diputado en los Comunes.
Healy había desarrollado una gran cercanía con los socialistas españoles en la época en la que había sido secretario internacional del Partido Laborista. Siempre estuvo al lado de las posturas del PSOE en la Internacional Socialista. Siendo ya diputado y cuando su partido le confió el estudio de las cuestiones militares pensando en que en el futuro se haría cargo de la responsabilidad ministerial de la defensa, surgió la idea desde Francia de que había que trabajar para que España pudiera ingresar en la Alianza Atlántica. En mayo de 1959, Healey terció en un debate periodístico en Le Peuple, el periódico socialista belga, sobre esta materia. Los socialistas españoles reprodujeron el texto después, justo en el año de la victoria laborista y ya con Healey en el Gobierno británico. Salió en el número 149 de Le Socialiste del 29 de octubre de 1964.
El artículo aludía a la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores que se había celebrado en París sobre la actitud que había que adoptar en Ginebra ante Gromiko. En ese mismo momento se conoció que el Gobierno francés deseaba que España entrase en la OTAN. Para Healey era un motivo para sabotear la unidad atlántica en un momento complicado. Al parecer, Portugal, Turquía e Italia apoyaban la iniciativa gala. No era la primera vez que salía la cuestión en la OTAN, ya que en 1956 el Gobierno noruego había anunciado que votaría negativamente sobre ese posible ingreso, estando seguro de que lo mismo harían los daneses.
El Gobierno conservador británico no apoyó la propuesta de París, aunque Healey afirmaba que el Secretario del Colonial Office había sido un ferviente partidario de Franco durante la Guerra Civil. El Times, por su parte, atacó lo que denominó la presión de los lobbies en los pasillos diplomáticos.
Healey expresaba ya su opinión cuando expuso que a veces se pretendía demostrar que parecía ilógico permitir la admisión de la China comunista en la ONU y oponerse, en cambio, a la entrada de España en la OTAN. Pero si hubiera analogía entre los dos casos, solamente podría referirse al ingreso en las Naciones Unidas. Eso era porque la ONU constituía un marco mundial de naciones que debería agrupar a todos los Gobiernos, independientemente de su carácter. Pero la OTAN había sido creada para proteger la forma democrática de ataques exteriores. España destruiría el Tratado de la Alianza Atlántica desde el momento en que lo firmase.
El preámbulo del Tratado especificaba claramente que las partes firmantes se comprometían a salvaguardar la libertad, la democracia y el respeto de las leyes. El régimen franquista no podría firmar esos principios porque sus representantes condenaban la democracia liberal, calificándola de decadente. Además, sería un argumento muy eficaz para los soviéticos contra la OTAN.
Por otro lado, España no aumentaría lo más mínimo la potencia de la OTAN. Los norteamericanos ya disponían de bases en España en virtud de convenios bilaterales. Las fuerzas allí establecidas no pertenecían, además, a la estructura de mando de la Alianza.
Tampoco aportarían nada las propias fuerzas militares españolas, dedicadas a la represión, recordando que Franco había declarado en su momento que de todas los frentes en los que el ejército podría intervenir “el más peligroso es el frente del interior”.
Healey pensaba que el régimen se tambaleaba, además de afirmar que existían fundadas esperanzas que el Gobierno que sucediera a Franco evolucionase, aunque tímidamente, hacia la democracia.
Por fin, si se admitía a España en la OTAN los españoles considerarían que se estaba legitimando el régimen franquista y desanimaría a la “oposición liberal”.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- ¿Por qué las mujeres debían votar al socialismo? (1927)
- La reseña de una conferencia teosófica de Roso de Luna en la prensa socialista (1926)
- Besteiro sobre los intereses privados administrando servicios públicos
- Las ideas de los socialistas húngaros sobre el control obrero en 1923
- La postura oficial del PSOE ante la situación política en el verano de 1976