La abolición de la obra del Trienio Liberal y el comienzo de la Década Ominosa
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
DECRETO DEL 1 DE OCTUBRE DE 1823
“Bien públicos y notorios fueron a todos mis vasallos los escandalosos sucesos que precedieron, acompañaron y siguieron al establecimiento de la democrática Constitución de Cádiz en el mes de marzo de 1820: la más criminal traición, la más vergonzosa cobardía, el desacato más horrendo a mi Real Persona, y la violencia más inevitable, fueron los elementos empleados para variar esencialmente el gobierno paternal de mis reinos en un código democrático, origen fecundo de desastres y de desgracias. (…).
No fue estéril el grito general de la Nación: por todas las Provincias se formaban cuerpos armados que lidiaron contra los soldados de la Constitución (…).
La Europa entera, conociendo profundamente mi cautiverio y el de toda mi Real Familia (…), determinaron poner fin a un estado de cosas que era el escándalo universal, que caminaba a trastornar todos los Tronos y todas las instituciones antiguas cambiándolas en la irreligión y en la inmoralidad (…).
Sentado otra vez en el trono de S. Fernando (…), deseando proveer de remedio las más urgentes necesidades de mis pueblos, y manifestar a todo el mundo mi verdadera voluntad en el primer momento que he recobrado la libertad; he venido a declarar lo siguiente:
(…) Son nulos y de ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional (de cualquiera clase y condición que sean) que ha dominado mis pueblos desde el día 7 de marzo de 1820 hasta hoy, día 1° de octubre de 1823, declarando, como declaro, que en toda esta época he carecido de libertad, obligado a sancionar las leyes y a expedir las órdenes, decretos y reglamentos que contra mi voluntad se meditaban y expedían por el mismo gobierno (…)”.
Gaceta de Madrid, 7 de octubre de 1823.”
Al poco de regresar el rey Fernando VII a Madrid desde Andalucía, ordenó ejecutar a Riego, símbolo de la revolución de 1820. En los primeros años se desató una durísima represión política. Se estableció un intenso proceso de depuración de funcionarios, eclesiásticos y militares. La propia Santa Alianza intentó presionar para suavizar esta represión. Se calcula que la depuración afectó a unos 80.000 funcionarios civiles y hasta el 10% del clero. Los tribunales de justicia condenaron a muchos liberales que no pudieron huir, y se consideraron delitos dar gritos a la libertad o poseer símbolos liberales, como el caso de Mariana Pineda. Aunque no se restauró la Santa Inquisición se establecieron Juntas de Fe en algunas diócesis. Las Universidades fueron cerradas en 1830. Además, se creó el cuerpo de Voluntarios Realistas, como grupo armado opuesto a la Milicia Nacional de los liberales. Todos estos instrumentos represivos desataron un clima de persecución de tal entidad en las personas y las conciencias que la historiografía liberal denominó como “ominosa” a esta década. Se puede afirmar que hasta el franquismo no hubo una represión del calibre en España. Por otro lado, comenzó el segundo exilio de liberales (Alcalá Galiano, Argüelles, el conde de Toreno, Martínez de la Rosa, Mendizábal, Mina, Torrijos, el duque de Rivas, etc..). La mayor parte pasó a Inglaterra y, después de la Revolución de 1830, muchos se trasladaron a Francia. Desde ambos países conspiraron para derrocar al rey, aunque con nulo éxito.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.