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Francisco Azorín y la socialización de las viviendas (1920)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Francisco Azorín Izquierdo (1885-1975) ha sido, sin lugar a dudas, junto con Gabriel Pradal, uno de los arquitectos más importantes del universo socialista español. Fue, además, diputado, destacado esperantista y masón, sin olvidar sus grandes contribuciones en el exilio mexicano.

En este artículo nos acercamos a su planteamiento sobre la vivienda, un asunto recurrente en nuestros estudios del movimiento obrero socialista porque siempre fue una gran preocupación del mismo, habida cuenta del endémico problema de la vivienda en la historia contemporánea española. El socialismo español denunció la situación, planteó alternativas teóricas y prácticas, y también se dedicó a actuar a través del cooperativismo.

Coincidiendo con la huelga de los albañiles madrileños en la primavera de 1920, Azorín quiso aportar su contribución teórica al “tema de la carestía y escasez de habitaciones”.

Los obreros sufrían un problema muy grave. El que no se construyeran casas les perjudicaba como inquilinos, pero también como trabajadores, lógicamente. La elevación de los alquileres incidía claramente en las clases humildes.

Ciertamente, las reivindicaciones obreras sobre aumento salarial tenían una repercusión en los costes de producción en el ramo de la construcción, pero ese aumento era compensado rápidamente por la patronal “imponiendo un valor a las cosas que no aminore sus ganancias” y, en consecuencia, el obrero tenía que volver a luchar para intentar nivelar su presupuesto.

El problema de la vivienda interesaba a todo el mundo, pero doblemente, como queda expuesto, a los obreros del ramo de la construcción, por lo que había que buscar una solución, y que pasaba, frente al fracaso de la iniciativa privada y del proteccionismo del Estado, por la socialización de las viviendas, porque parecía conveniente para todos los trabajadores de la construcción, desde el peón hasta el arquitecto, sometidos al capricho e incompetencia del capital, pero también para la conveniencia de toda la clase trabajadora, que no debía seguir estando al arbitrio de los caseros y, por fin, para el público en general porque el sistema no satisfacía la necesidad social de edificar viviendas, y aquí incluía hasta parte de la burguesía, como era la industrial, que padecía una especie de tiranía en esta materia.

Las bases de la socialización de las viviendas eran las siguientes, según Azorín:

  1. Regulación de la administración y construcción de viviendas por organismos competentes, compuestos en cada localidad por representantes técnicos y obreros de la construcción, así como de las colectividades de inquilinos. Estos organismos tendrían que tener autonomía financiera y responsabilidad material y “moral” ante sus representados.
  2. Planificación del crecimiento de las ciudades, que en ese momento se hacía, en su opinión, de forma absurda, aunque pareciera sujeto a planes previos de urbanización. Saneamiento y transformación de las ciudades antiguas (imaginamos que se refería a los cascos antiguos), acabando con los peligrosos hacinamientos de las casas de vecindad y con los “latifundios urbanos más numerosos de lo que se cree”
  3. Organización del trabajo, dando ocupación permanente a los obreros y asegurando su bienestar sobre bases fijas. Establecimiento, al mismo tiempo, en los procedimientos del uso de los sistemas más modernos, porque se obtendrían beneficios extraordinarios para el obrero y para la obra.

Azorín creía necesario plantear una campaña por la socialización, y ese parecía, a su juicio, el momento propicio porque la escasez de viviendas requería del Estado la adopción de medidas urgentes y radicales, y podría inclinársele para que adoptase esta solución.

Curiosamente, había una ventaja añadida, en relación con los técnicos. Azorín pensaba la campaña de socialización provocaría que los técnicos, hasta el momento ajenos a las luchas sindicales y sociales, salieran de su “neutralidad indiferente”, y aunque los habría que defendiese el sistema vigente sobre la vivienda, los más preparados se decantarían, siempre según su opinión, en favor del cambio porque representaba la aspiración al bienestar colectivo y al progreso social.

Hemos trabajado con el número 3520 de El Socialista, del 2 de junio de 1920.

Sobre Azorín, además del Diccionario Biográfico del Socialismo Español, podemos acudir al trabajo de J.S. Aldecoa Calvo, “Francisco Azorín Izquierdo, socialista, arquitecto, esperantista y masón”, en Xiloca, nº 40 (2012)

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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