Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La polémica en torno al nacionalismo de acción francesa (1899-1936)


"Zola, ultrajado", cuadro del pintor Henry de Groux, retratando la salida del escritor Emile Zola del tribunal donde fue juzgado por su artículo "J'Acusse", sobre el caso Dreyfus. "Zola, ultrajado", cuadro del pintor Henry de Groux, retratando la salida del escritor Emile Zola del tribunal donde fue juzgado por su artículo "J'Acusse", sobre el caso Dreyfus.

¿Qué fue Acción Francesa? Un movimiento cultural y político que surgió de la polémica en torno al caso del oficial francés Dreyfus (1894-1906) que fue acusado de espiar a favor de Alemania. El asunto dividió a la nación francesa: si los que estaban en contra de Dreyfus utilizaron su condición judía para cargar contra él, los anticlericales republicanos utilizaron el caso Dreyfus para atacar al catolicismo.

En 1899, Acción Francesa tuvo su primera reunión donde surgió su propia revista que se caracterizó por su antisemitismo, su defensa del nacionalismo francés y del ejército. Para sus miembros -ultramontanos, antimodernistas- no importó tanto si Dreyfus era culpable o inocente (al final fue inocente) como preservar y defender el prestigio nacional, pues se había puesto en duda la seguridad nacional. Pronto sus líderes, -Maurras, Pujó- defendieron que la razón de Estado estaba por encima de los derechos individuales. Ese principio antihumanista, que se desvinculaba de la moral, estuvo -con el paso del tiempo- detrás de los totalitarismos del siglo XX, en los que el individuo fue apisonado por el interés colectivo (el partido, el Estado, el pueblo ante todo).

En 1905 se creó la Liga de Acción Francesa para recaudar fondos, primer paso hacia la fundación del Instituto de Acción Francesa, un centro educativo que quiso rivalizar con la Sorbona, difundiendo sus ideas por la sociedad. Allí convergieron seguidores del catolicismo social, que se mostraron sensibles al corporativismo y la promoción de los pobres. No en vano, uno de sus principales intelectuales, Charles Maurrás (1868-1952), definió a Acción Francesa como "el partido del pueblo obrero traicionado por la burguesía". A través de su revista, este movimiento fue definiendo un nacionalismo integral que defendió una doctrina contrarrevolucionaria que devolviera la cohesión y la grandeza de Francia, perdida desde la revolución de 1789 y el triunfo del movimiento romántico. En 1908, se fundó su sección juvenil, los Camelots du Roi, cuya divisa fue "la violencia al servicio de la razón".

No obstante, no sólo desde los partidos políticos sino desde el campo católico surgieron numerosos intelectuales que criticaron Acción Francesa. El católico Jacques Riviére denunció que su nacionalismo sustituía el culto a Dios por el culto a la Patria, lo cual constituía una verdadera idolatría, propia de paganos. Si el patriotismo promovía la piedad, el respeto hacia los padres, cuidando el patrimonio heredado, el nacionalismo adoptaba un cariz xenófobo, exclusivista, irracional, al exaltar una colectividad que era buena no por seguir principios adecuados, sino por ser "nuestra" o "de los nuestros". Se preguntó, entonces ¿cuál era el papel de Dios para el nacionalismo francés? Ser una especie de presidente honorario al que se pide que se identifique con la nación y la proteja.

Quedó claro a Riviére que Acción Francesa era insensible ante el sufrimiento y el dolor que un desorbitado deseo nacionalista de grandeza podía infligir a los franceses y a sus vecinos europeos. Denunció su continua incitación a la violencia, su incapacidad para no perdonar y exacerbar las violencias culturales y políticas...afirmando que no eran cristianos sus componentes. De esta manera, no resulta extraño que tanto clero como laicos buscasen la condena de Acción Francesa a partir de 1909. Cinco años más tarde, el papa Pío X incluyó en el índice de libros prohibidos por la Iglesia varias obras de Maurras, aunque no se hizo público el documento. Por el contrario, Pío XI, cuya búsqueda de paz después de la Primera Guerra Mundial y de separación entre lo político y lo religioso fueron faros de su pontificado, asumió posiciones abiertamente en contra ante el miedo a la extensión de ideas de Acción Francesa entre la juventud católica. Pero esa agrupación publicó su respuesta en el artículo “Non possumus", el 24 de diciembre de 1926 en su periódico, que significó su ruptura con El Vaticano, pues para Acción Francesa la política se encontraba antes que la devoción. El 29 de diciembre siguiente, el papa publicó con fecha doble -1914 y 1926- el decreto de Pío X añadiendo, a la lista de obras desaconsejadas de Maurras, el propio diario de Acción Francesa.

El clero francés se dividió ante la polémica, pero el diario AF perdió la mitad de sus lectores en dos años, entre ellos intelectuales católicos como Max Jacob. Además, el papa encargó a algunos teólogos tomistas la publicación de obras que explicasen y respaldasen las razonas de su condena a AF, entre ellos Jacques Maritain que escribió “¿Por qué Roma ha hablado?” (1927), dirigiendo dos libros colectivos “El yugo de Cristo” (1928) y “Clarividencia de Roma” (1929). También Maurice Blondel participó acusando de antiespiritualismo a Acción Francesa, desdeñando la confusión tradicionalista.

Sin embargo, durante el periodo de entreguerras (1919-1939) se desarrolló extraordinariamente el nacionalismo en todos los países europeos -incluso en la Unión Soviética-, por lo que este clima favoreció la supervivencia de Acción Francesa. De ahí que Maritain aún publicara respuestas doctrinales contra esa filosofía, como su libro “Humanismo integral” (1936), donde enumeró las características de un nuevo ideal cívico. En primer lugar, afirmó que la democracia es una de las tantas formas de gobierno que al católico le es lícito elegir, siempre que no se oponga al bien común, siendo todo ello coherente con el magisterio del papa León XIII. Al mismo tiempo afirmó los fundamentos escolásticos de la democracia, lo cual resultó esencial porque el sistema político pensado por los teólogos del siglo XVI conformó en su momento una modernidad católica que pudo haber sido la base para una superación de la dialéctica entre democracia moderna y catolicismo que se produce en los siglos XVII y XIX.

En segundo lugar, Maritain también defendió que la democracia es una forma de Estado, por la cual el poder político tiene un límite en la dignidad de la persona y sus derechos. Esta forma de concebir la democracia, en tanto forma de contestar a la pregunta “cómo se ejerce el poder” encontró luego pleno apoyo en el magisterio de Pío XII. Ambos sentaron las bases necesarias para que laicos católicos de la postguerra mundial -a partir de 1945- pudieran conformar los partidos políticos demócratascristianos que conformaron -junto a los socialdemócratas- la Europa occidental durante la Guerra Fría.

En tercer lugar, Maritain puso a la persona humana y a sus derechos personales como el eje central de la ética política y de una democracia que fuera realmente cristiana. La persona humana, como “imagen de Dios” tiene una dignidad esencial que debe ser respetada y ese acatamiento se traduce en el respeto a sus derechos humanos fundamentales. En definitiva, la polémica suscitada por la aparición de Acción Francesa supuso -pese a todo- un interesante debate de afirmación de la Iglesia católica en la primera mitad del siglo XX, sin la cual no puede entenderse el camino que concluyó en el Concilio Vaticano II.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

Más en esta categoría: « Vándalos Lituania »