Razones para la creación de un Hospital en el Real Sitio de Aranjuez en el siglo XVIII
- Escrito por Adoración González Pérez. Historiadora
- Publicado en Historalia
El punto de partida nos lleva directamente al siglo XVIII. Hacia 1747 el rey Fernando VI encomendaba a su arquitecto Santiago Bonavía el diseño de un plan urbanístico para Aranjuez. Se construyeron los edificios más significativos a partir de esa fecha. La ciudad siguió creciendo y el nuevo arquitecto Jaime Marquet adaptaría las necesidades de su población a unas modificaciones sobre el plano de Bonavía. La zona propiamente urbana se ubicaría en la parte sureste del Palacio. La proyección se correspondería con planteamientos puramente barrocos, al modelo de las ciudades europeas. Con este modelo quedó fijada la trama cuadrangular para el establecimiento en damero del caserío general del Sitio. Más adelante, surgirían dos nuevas plazas como consecuencia del ensanchamiento de la calle de San Antonio y de la Plaza de Abastos, en la parte meridional de dicha trama. Todo el caserío quedaba así cerrado, por el sur, por tres instalaciones decisivas: cuartel, plaza de toros, hospital y convento de San Pascual.
El primer hospital, base del posterior edificio
Empezaremos recordando que la asistencia y cuidado de la población ha tenido diferentes formas de atención y ha generado actitudes sociales particulares que dependían de su contexto cultural y sociopolítico. Hasta el siglo IV no hay una referencia específica a lo que se considera propiamente hospital. Existía el Xenodoxium para viajeros y pobres, pero fue la Iglesia la encargada de la construcción de hospitales. Surgieron además importantes iniciativas y propuestas para construir ciudades con función concreta de asistencia y cuidado, en algunos puntos del Oriente Próximo, con un sentido práctico y funcional que pudo heredarse en siglos posteriores. Hablamos de diseños diferenciadores de sus espacios, destinando habitaciones para enfermos, zonas aireadas y soleadas, espacios de aislamiento o confinamiento, zonas de contagiosos, y, curiosamente, todos incluyen ya la presencia de talleres y lugares de ocupación, entendiendo que una manera de recuperación o rehabilitación de la enfermedad pasaba por estar el individuo activo.
En el siglo VI comienzan a estar presentes las posadas para caminantes que habrían de dar paso a lo que entendemos como hospitales. Dado que la Iglesia se ocupaba de atender a enfermos y mendigos en los claustros, los conventos fueron sede “hospitalaria” básica y las instituciones de este tipo nacieron al auspicio de órdenes religiosas, cofradías y hermandades. Iniciado el siglo IX la labor fundacional corre a cargo de obispos, y la ubicación se determina, lógicamente, en el entorno de las nuevas catedrales. Al aproximarnos al momento de cambio de pensamiento y grandeza intelectual del Renacimiento, el levantamiento de hospitales, como otras edificaciones significativas, llama la atención de mecenas y protectores que ven ello un recurso más para el engrandecimiento de sus ciudades.
De esta manera, cuidado y asistencia a los grupos sociales más desfavorecidos pasa a ser un tema de interés en la política y la legislación desde el siglo XVI, y adquiere carácter institucional a través de edificios dedicados a la beneficencia como Hospicios, Casas de Misericordia y Hospitales. Será en el siglo XVII cuando este asunto alcance un enfoque político importante. Como señalara Carmen Lopezosa Aparicio (Revista de arte, geografía e historia de Madrid, nº 5, 2002), el establecimiento definitivo de la Corte en Madrid a partir de 1606 vendría a desbordar la estructura benéfica y, para garantizar la ayuda no solo espiritual sino física de la población, se consolidaría una red hospitalaria en el Madrid de los Austrias, con clara proyección en sus territorios inmediatos. Los reyes, mediante el Patronato Real, ejercieron a su vez una labor de protección y de ayuda que, en muchos casos no llegó a ser tan competente como se esperaba. Las hermandades, congregaciones y otras instituciones contribuían a la labor de asistencia, bien con ese patrocinio de la Corona o con las donaciones y ayudas de particulares, especialmente nobles. Para estos datos podemos acudir a numerosos estudios, la documentación es extensa y se hace imposible citar a todos. Sirva también de ejemplo la aportación de Mikel Larrinaga, en su estudio sobre reformismo ilustrado y asistencia social en España (2016), el de Javier Guillamón o Paloma Pernil, entre muchos otros que han analizado el tema de pobres en el reinado de Carlos III.
De este modo podemos encontrar un nuevo enfoque más propio del pensamiento dieciochesco en cuanto a motivaciones e intereses de política, aunque no cambien mucho las conciencias y la empatía social con los desfavorecidos.
Para el edificio Hospital de San Carlos, en Aranjuez, sobre el que hemos hecho este breve recorrido, baste indicar una trayectoria de origen algo confusa. Según la descripción de Juan Antonio Álvarez de Quindós y Baena, gran cronista de los Sitios Reales en el siglo XIX, había un hospitalillo con fecha concreta, de 1648, según consta en el Libro Tercero de su Descripción del Real Sitio (páginas 265-269)
[…]Desde muy antiguo se estableció hospitalidad en Aranjuez para las gentes pobres que enfermaban en él: consta de la data del Pagador del año de 1648; después se tomó el medio de enviarlos al hospital de la Caridad ó de San Juan de dios de Ocaña, contribuyendo el Sitio con buenas limosnas […]Este edificio pudo estar de manera provisional instalado en el entorno próximo a la plaza, dentro del plan iniciado por Santiago Bonavía, y como bien cita el cronista, su uso se ajustaba más al criterio caritativo que venimos indicando, asumiendo la localidad de Ocaña esta función. Con la nueva monarquía Borbónica y el propio pensamiento político y social del siglo XVIII habría de plantearse un enfoque distinto, y especialmente dentro del ambiente regio de este lugar, la idea de la caridad no parece ser imagen que acomode, como veremos, ya que el nuevo edificio construido en la primera mitad de la centuria iría destinado a las personas Reales y servidores, aunque el pretexto fuera el de atender mejor a las necesidades de una población en crecimiento.
Lo confirma el hecho de que en 1738 se publicara una Orden extensible a las comunidades religiosas para el recogimiento de pobres y enfermos a fin de que fueran conducidos a Madrid, dando a su vez instrucción para que cada Sitio Real tuviera una casa distante de Palacio y de las casas donde se alojarían los criados de la Corte, mandato del que se harían cargo los aposentadores, como entraba den sus amplias funciones en lo concerniente al acomodo de Grandes, Nobles y Cortejo adjunto al Protocolo de Palacio.
Los motivos de su nueva creación
Por seguir un orden de tiempo, encontramos que en 1750 se establece un edificio provisional para atender los servicios de Casa Real,
[…]El año de 1750 se estableció ya un hospital provisional para la curación de los criados y dependientes de la casa Real, y socorrer alguna pronta necesidad durante la estancia de los Reyes. Para ello se labró una casita por cuenta de la Real Hacienda, inmediato al caz, y delante de la casa de Mulas, en un buen escampío que era entonces. Formáronse dos salas y doce camas con divisiones ó alcobitas separadas, y lo demás preciso al corto tiempo y número de enfermos que se habían de curar. Se puso á cargo de la hermandad de nuestra Señora de la Esperanza (…) Luego que se retiraba la Corte de Aranjuez se cerraba […]
La verdadera razón según se expresa en ese tiempo vino por necesidad dado que la presencia de trabajadores, jornaleros y otras gentes, especialmente en tiempos de jornadas reales, además de las epidemias y enfermedades ocasionales y ocasionadas por las inclemencias del río, saturaba los medios de auxilio y también los de la administración al tener que hacer derivaciones al Hospital de Ocaña. Y también por el testimonio directo de médicos y profesionales que, como el que se cita como Médico Titular de Aranjuez, Juan Bautista Cutanda, dirigió sus razonamientos al propio Rey sobre dicha necesidad. Y así se comenzó una nueva construcción para la cual se estudió elegir un sitio más aireado y lejano del caserío. En el año 1763 se dieron órdenes para su establecimiento, regulando el cargo de dirección, el número de practicantes que debían pasar anualmente al Sitio cumpliendo el servicio de jornada, la asistencia de médicos y cirujano, así hasta 1769 en que tuvo su principal dirección el Duque de Uceda. El cronista citado especifica que […]” Movido prontamente el piadosísimo corazón del Rey Don Carlos III, mandó se construyese un hospital con título de San Carlos Borromeo, donde a sus expensas se curasen los enfermos empleados en sus obras, labores y jardines, y todos los demás criados pobres, y que se remediasen por de pronto y socorriesen todas las necesidades de esta clase de los residentes del Sitio […] Las referidas órdenes no aclaran que existiera como tal en esas fechas, puesto que todos los datos hacen referencia a 1773 y al arquitecto autor del nuevo. La autoría inicial corrió a cargo del arquitecto Jaime Marquet con la colaboración de Manuel Serrano que formó las condiciones de su ejecución. Pero el plano fue diseñado por Marquet y debía ofrecer una estructura más moderna, opuesta a la que se practicaba en los hospitales […] que es de darle mucha ventilación, lo que no puede haber según la disposición de estas alcobas,,, por lo que suplico se me diga si el nuevo proyecto debe dejar subsistir esta repartición […] El dato que figura en los documentos del Archivo de Palacio de Madrid es del año 1772; todo indica las vacilaciones tanto de proyecto como de levantamiento definitivo. Terminado así en los años setenta, consta que 1776 se ajustó el reglamento de régimen interno estando ya gran parte de él corriente y pidiendo nuevo acopio de camas, ropas y otros útiles del viejo. Fue dado por el Marqués de Valdecarzano e incluía la presencia de un capellán, comisario de entradas, médicos, cirujanos medios, practicantes, enfermera, cocinera, mozos, lavandera y guardia portero. Para la fecha de 1780 informaba el Veedor, junto con Manuel Serrano, que se había producido una quiebra en la pared de la Sala de San Carlos, una ruina en la tarjea del lugar común y la filtración de aguas por todos los cimientos, resintiendo muchas paredes. Acusaba esto a un fallo de la construcción que los operarios no quisieron reconocer en su momento y a una falta de limpieza de toda su red de abastecimiento por más de cinco años. En esta situación el conocido como hospitalillo viejo, tuvo que correr con este servicio, aunque con gobierno separado, habilitándose algunas dependencias de él. Durante el reinado de Carlos IV se hizo una definitiva ampliación, y otra posterior ya empezado el siglo XIX. Por concluir, diremos que la mejor remodelación se haría en 1865 y la siguiente en 1959. Ha tenido diferentes usos en el siglo pasado y tras quedar sumido en el abandono, se ha empezado una importante labor de restauración y estudio arqueológico que ha aportado estudios importantes sobre su origen, evolución y cambios sustanciales desde 1776 hasta 1990, para grandeza de nuestro patrimonio y bienes culturales que debemos seguir respetando. La información se encuentra ampliamente detallada en las Actas de Arqueología Madrileña de 2018.