Quantcast
EL PERIÓDICO
Edición: ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
Apóyanos ⮕

Las Fuerzas Armadas Españolas: de la Dictadura a la Democracia


Al estallar la Guerra Civil en 1936, las Fuerzas Armadas (FAS) se escindieron en dos bandos. Tras la victoria militar de Franco, fueron depuradas de partidarios del bando perdedor, de tal manera que la sociedad española las observó como uno de los pilares más fieles del régimen franquista, hasta prácticamente su desaparición. La transición a la democracia y el reinado de Juan Carlos I supusieron para las FAS un cambio que se resume en tres conceptos fundamentales: liderazgo, integración en el nuevo ordenamiento constitucional y apertura hacia un nuevo concepto de la defensa nacional, con lo que ello implicó de renovación y modernización.

Hay que recordar que, tras la muerte de Franco, la mayor parte de los oficiales se había formado durante su régimen, de tal manera que aceptaron la Monarquía y la figura de Juan Carlos I por disciplina militar y, por la misma razón, acataron el cambio democrático. No obstante, hubo dificultades iniciales ya que la mayor parte de oficiales no aceptaban la legalización del Partido Comunista, al que consideraban el enemigo internacional –en plena Guerra Fría- y uno de los causantes de la Guerra Civil. Además, numerosos oficiales aceptaron el cambio hacia la democracia, pero sin que ello supusiera una crítica al régimen franquista. La apertura cultural, la aplicación de la libertad de expresión y la nueva aparición de una prensa crítica con la obra política de Franco molestó a un buen número de militares. El problema se agravó con la aparente inoperancia de los Gobiernos centristas en la lucha antiterrorista (GRAPO, ETA), muchas de cuyas víctimas era militares y miembros de la Guardia Civil, lo que provocó un enorme malestar en el ejército y aumentó los deseos de intervencionismo militar.

Es ahí donde cobró importancia el liderazgo militar de Juan Carlos I, pieza fundamental para que las FAS aceptaran la legalización del PCE, el cambio democrático y colaboraran con el nuevo rumbo de la política española. ¿Cómo logró el monarca aumentar su influencia en las Fuerzas Armadas?

En 1975, durante plena descomposición del régimen franquista, con la crisis de la Marcha Verde en Marruecos como telón de fondo y el miedo de la sociedad española al estallido de una guerra colonial –semejante a las de Grecia y Portugal-, el príncipe Juan Carlos, con uniforme de general de brigada, se presentó en el desierto del Sahara ante sus soldados. Lo hizo en un estilo que anunciaba su posterior ejecutoria: no se arrogó la toma de decisiones que correspondían al Gobierno, simplemente se unió a sus hombres, les habló sobre el cumplimiento del deber y de servicio a España y les dio su apoyo.

La oposición del rey al intento de Golpe de Estado militar del 23 de febrero de 1981 logró aumentar el apoyo social de la Corona, pero también reafirmó su liderazgo militar. Además, al día siguiente, cuando los principales jefes de partido fueron a darle las gracias por su apoyo a la democracia, les recordó que la mayor parte de los militares habían permanecido fieles a la Constitución, por lo que les rogó que evitaran confundir a todas las FAS con los golpistas.

Y finalmente, cabe recordar que, tras la victoria del PSOE de octubre de 1982, se apostó por un proceso de reforma y modernización de las FAS, bajo el ministro Narcís Serra, que fue apoyado y seguido atentamente por Juan Carlos I, que colaboró en la medida de sus atribuciones constitucionales. Eso sí, la reforma se hizo de manera diferente a los tiempos de la Segunda República, pues el gobierno dejó claro que se haría “con” los militares, nunca “contra” los militares.

No obstante, ese proceso de modernización comenzó en los inicios del reinado de Juan Carlos I, especialmente ajustando la legislación militar al ordenamiento constitucional. Por ejemplo, con la sanción regia de las Reales Ordenanzas de 1978 para las Fuerzas Armadas, que actualizaron las de Carlos III sin perder su esencia y prestando especial atención a los valores morales. Además, entró en vigor de la ley orgánica de los criterios básicos de la Defensa Nacional y la organización militar (1980 y reformada en 1984), donde se estableció que correspondía al presidente del Gobierno la dirección de la política de defensa y de la guerra, su autoridad sobre las FAS y la delegación que efectúa en el ministro de Defensa. Igualmente, se creó un nuevo código penal militar (1985), que limitó su jurisdicción al ámbito puramente castrense y, derivado de él, el nuevo régimen disciplinario llamada ley del régimen de personal de las FAS, aprobada al año siguiente.

La modernización fue apreciada por la mayor parte de la sociedad española como un hecho positivo, especialmente por los sectores medios de edad, que vieron a la Fuerzas Armadas como un pilar del sistema democrático y de la unidad de España. Los sectores más críticos fueron los jóvenes, los cuales solicitaron la prestación voluntaria del servicio militar, donde concentraron la mayor parte de sus quejas.

Durante los años 80, hubo un aumento del movimiento pacifista que, prohibido durante la dictadura, se organizó y expandió, aunque fracasó ante el referéndum contra la OTAN en 1986. Sin embargo, aumentó la objeción de conciencia entre la juventud española, educada en otros principios y parámetros sociales distintos a los de anteriores generaciones. Pero el hecho más contundente que causó el deseo de suprimir “la mili” fue la percepción social de que se trataba de una pérdida de tiempo –precisamente en una época de aumento del paro y acceso a la universidad- y, además, peligroso, al pasar los jóvenes un año entre armas. Otra causa importante del rechazo social de la “mili” fue la denuncia, ya abierta, de tratos humillantes y abusos de suboficiales y soldados veteranos sobre los reclutas. Lista a la que se añadieron accidentes y suicidios de jóvenes. Al propio Ejército le interesó variar esa imagen por lo que se tomó en serio esas denuncias, más que en épocas anteriores.

El PSOE favoreció la creación de un servicio social sustitutorio para aquellos jóvenes que no desearon realizar la “mili”, pero, ante las dificultades administrativas y el rechazo social, el Partido Popular decidió suprimirlo y aceptar el hecho de unas FAS profesionalizadas a finales del siglo XX.

El lector interesado puede acudir a

-Marías, Julián (coord.), 25 años de reinado de Juan Carlos I, Barcelona, Planeta, 2000.

-Platón, Miguel, Hablan los militares. Testimonios para la historia (1939-1996), Barcelona, Planeta, 2001.

-Real Academia de Doctores, El Estado de España, Madrid, Borealia, 2005.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

Tu opinión importa. Deja un comentario...

Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider