Un espacio para la conversación en el Palacio Aranjuez del siglo XVIII
- Escrito por Adoración González Pérez
- Publicado en Historalia
Fue la Corte española proclive a protocolos y representación, lo que sirvió para enriquecer el decoro interior de sus viviendas y palacios, además de generar entre los grupos nobiliarios un deseo de imitación. En los Palacios Reales, las estancias privadas seguían unas normas para el ornato y decoración dentro de cada una de las zonas ocupadas por las reinas y los reyes.
Aunque la Casa Real no siempre era un universo cerrado y dedicado en exclusiva al servicio de las majestades tal como establecían las directrices de su poder, cupo en ellas un modo de socialización adornado a través de las imágenes y del mobiliario al uso junto con otros objetos de gran valor.
Considerar el espacio interior de las casas palaciegas como elemento de sociabilidad es algo propio de su misma condición. Francisco Villacorta habla de una dualidad contextual como marco para las relaciones protocolarias vinculadas a ceremonias de la Corona y sus instituciones políticas, administrativas o religiosas y, a su vez, el marco de relación puramente unido al ocio. En los dos casos, con mayor o menor formalidad, las etiquetas de Corte imponían un protocolo que limitaba la privacidad de reyes y reinas en gran parte de sus rutinas.
En el ceremonial cortesano las etiquetas reales se ajustaban a criterios jurídicos ya establecidos desde la época de Felipe II, pero la llegada de la Corte borbónica vino a dar otros giros a los protocolos del Reino. Las nuevas formas de sociabilidad tendrían así una dimensión política, reconocida en el modo de compartir con el resto de los miembros aspectos más íntimos que los que formaban parte del aparato externo de visualización real.
De hecho, en la estructura organizativa de los edificios reales se encuentra, entre los siglos XVI al XVIII, determinada la disposición de las unidades constitutivas de todas y cada una de sus dependencias, con una orientación y funciones de representación específicas. Fernando Marías, en su análisis sobre la arquitectura y vida cotidiana de los palacios nobiliarios renacentistas encontraba ya una lectura significativa de la conformación planimétrica que mostraba similitudes en los diseños de palacios españoles. Se instaura así una estructura en cuadro, con un gran patio central, en torno al cual se distribuyen las habitaciones reales, estando algunas de ellas exclusivamente destinadas al ejercicio de cierta convivencia social, como serían estas salas de conversación, sin dejar de considerar los diferentes cambios que pudieron experimentar por exigencias de la Corte.
La compostura interna de estas piezas fue además claro reflejo de los reglamentos políticos y de los códigos sociales que regían en cada momento y se ponían de manifiesto en cada uno de los objetos y obras artísticas. En cuanto a las reuniones dentro de Palacio, cada zona cumplía su función, como hemos señalado, en el diario cumplimiento de las rutinas reales. Las cámaras de audiencia eran precedidas de saletas y antecámaras que servían de preámbulo a la vista real. Diríamos que estos tiempos de convivencia revestían un carácter más íntimo que el resto de los actos públicos donde los monarcas actuaban acompañados de un mayor boato.
Que esta forma de socializar era un hecho contributivo al ejercicio relacional del poder real con los súbditos y su pueblo así se manifestó en la Edad Moderna, pero también ha servido a los estudiosos del tema para adentrarnos mejor en el conocimiento de la personalidad de aquellos monarcas, sobre todo para este siglo XVIII, cuando se destaca la invisibilidad del primer Borbón Felipe V frente a la disposición de Fernando VI a la hora de su presencia pública a través del aparato cortesano, en determinados momentos de su existencia, como es sobradamente conocido.
Sobre la Corte española del Antiguo Régimen indicó ya Tomás y Valiente, para reforzar las investigaciones historiográficas de los Reyes desde tiempo atrás, según se recoge en la tesis de N.M. Pavía Dopazo (2015) que era
“El lugar donde el Rey con las instituciones de él dependientes gobierna, juzga, administra su gracia, concede mercedes, oye consejos y desenvaina la espada y la justicia. Pero también, donde, en Palacio, come y se divierte, y donde atraídos por él y por su poder acuden cortesanos y cortesanas […]”.
Sin entrar en este debate que implicaría abordar otros aspectos más amplios, sigamos este camino de encuentro del asunto social que nos ocupa para determinar a qué tipo de hecho hace referencia, bien como diálogo ya establecido por la propia magnificencia de la Realeza o bien como conversación intimista que se produce ante la contemplación física de dicho espacio.
Tomamos como ejemplo de estos modos de representación social y política, y que podemos disfrutar en otros recintos palaciegos de nuestro Patrimonio Real, la Sala de Conversación del Palacio de Aranjuez, cuyo ornato fue un bello cuadro grandilocuente del espíritu barroco, de tal manera que, desde el solado a las paredes, techos y enseres constituyen un microcosmos preciosista y rococó. El maestro italiano Corrado Giaquinto fue su decorador con un importante trabajo de pinturas de temática religiosa.
Otro artífice del momento, Bernasconi, dio compostura a los suelos de estuco, con trofeos militares y amplias bandas de formas abiertas. La bóveda de la sala define sus cuatro ángulos con representaciones de las partes del mundo. Destaca esencialmente el paño central con una alegoría que exalta las Virtudes de la Monarquía, que pintó el maestro Jacopo Amigoni entre 1750 y 1752, siendo este artífice quien completó con un sentido magistral la temática del techo, además de realizar otras decoraciones murales en el palacio.
En los marcos de las puertas, se reproducen otras virtudes (Mansedumbre, Liberalidad, Humildad y Fidelidad, junto con la Fortaleza y la Concordia, tal vez terminadas por el pintor Charles Joseph Flipart). Todo el conjunto decorativo refuerza un diálogo moralizante e insiste en la Fe católica como pilar de la Monarquía, tal como señaló Celia de la Torre Bulnes, donde la Caridad, la Justicia y la Templanza deben ser la mejor cara de un monarca.
En verdad, este espacio denominado así para la conversación quedaba bastante lejos del verdadero espíritu de diálogo y debate de lo que serían los salones y tertulias posteriores. Sin perder ese sentido social que encuadraba más con la vida cortesana, servía también a unos intereses preestablecidos, donde el Arte en toda su dimensión contribuía a reforzar la imagen prestigiosa y el privilegio de la Monarquía. Todos los referentes que contiene, desde la temática religiosa a lo alegórica, proyectaban un mensaje favorable al Poder y al Estado, como fórmula visible en figuras significativas, como el Tiempo, la Verdad, La Justicia y las otras virtudes ya reseñadas. Cualquiera de estas imágenes ofrecía una lectura para elegidos, por lo que la sociabilización era también una herramienta al servicio, y la conversación diluía sus valores y beneficios en una casi contemplación de ese mundo palaciego.
Durante el reinado de Carlos III la sala formaba parte del Cuarto del Príncipe y, posteriormente fue destinado a Comedor de gala. En tiempos de Fernando VII, este y otros espacios de ocio cortesano fueron descentralizándose para competir con el lujo de las casas aristócratas.
Existen numerosos estudios en torno al tema que abordan aspectos diferentes y distintos puntos de vista. Nos hemos apoyado especialmente en trabajos que ahondan en el significado de la Casa Real en tiempos de Fernando VI, de N.M. Pavía Dopazo (2015), o el de Raquel Sánchez sobre sociabilidad cortesana y modelos de monarquía en España (2020), centrado más en el siglo XIX, aunque contiene una amplia referencia a la historiografía de Francisco Villacorta, de Tomás y Valiente y muchos más. Otros estudios interesantes se encuentran en la obra de Franco Rubio, de 2001, sobre la vida cortesana de Carlos III, así como en la de J. Álvarez Otero, de 2015, que analiza diferentes modos de vivir y habitar un palacio en la España del siglo XVIII y otros más que no podemos referir en este espacio. En cuanto a los estudios y descripciones más vinculados al aspecto artístico de esta obra, así como del resto del interior palaciego existen una abundante bibliografía que complementa el, interés por el tema.