Recordando a Giner de los Ríos en otro aniversario más
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Francisco Giner de los Ríos falleció el 18 de febrero de 1915. En este nuevo aniversario queremos recordar a uno de los personajes históricos españoles más importantes en la historia de la educación y la cultura. Y lo vamos a hacer de la mano de Luis de Zulueta, ya que publicó en La Libertad y El Socialista un artículo en honor a su memoria, en el noveno aniversario de la muerte del sabio, es decir, en febrero de 1924.
Zulueta comenzaba anunciando que España no sabía lo que había perdido con el fallecimiento de Giner. Eso sí, quedaban sus libros, sus discípulos y la Institución Libre de Enseñanza. Era legados fundamentales, pero según nuestro autor, nada podía suplir al maestro. Habían sido cincuenta años de “apostolado”, el que más abría de llegar al fondo de las conciencias.
Giner había sido un hombre que educaba, dirigía, estimulaba, “abría caminos al ideal y empujaba por ellos a las gentes”. Aunque parecía cierta la crítica que se hacía a los hombres meridionales de pensar hablando porque en la charla se les ocurría las ideas, y eso solía constituir un ejercicio de pereza o frivolidad, también era cierto que en un buen coloquio libre se podía descubrir la profundidad de las almas. En ese caso, el hablar era un “pensar en común”, y la conversación era la “flor del espíritu humano”. Y en este sentido, Zulueta recordaba dos modelos, uno castellano y otro andaluz. Giner le había explicado como su maestro Julián Sanz de Río, meditaba solo, en su habitación, mudo, inmóvil con los brazos cruzados, frente al propio Giner, que prodigaba lo que el mismo denominaba “el sacramento de la palabra”.
De Zulueta también contaba que se decía que había crisis de hombres. Pues bien, todo el esfuerzo de Giner se había concentrado en formar hombres, en educar hombres para la nueva España. Los mejores que se pudieran encontrar, en su opinión, y en distintos campos, eran los que llevaban la huella del maestro.
Giner no había sido hombre de un solo libro, ni de una sola doctrina, y no transmitía una verdad, sino que hacía amar la veracidad. Tampoco propugnaba un ideal, sino una “idealidad”. No tuvo partido, ni hizo política. En todo caso, habría sido un liberal, un defensor de la libertad relacionada con la espiritualidad. También había sido un defensor de la disidencia, y de las minorías.
Giner habría sido un personaje fundamental en la historia de la tolerancia en España, en nuestra opinión al calor de lo que explicaba Luis de Zulueta, en la defensa de que era bueno que se le rebatiese a uno, porque eso generaba esfuerzo y sacrificio, porque obligaba a hacer mejor las cosas, es decir, una tolerancia que estimulaba al propio trabajo de superación.
De Zulueta terminaba explicando que en los últimos tiempos Giner de los Ríos había sido combatido, no por sus ideas, sino, precisamente, por lo que representaba, por ese principio de “libre espiritualidad”. A los disidentes se les había atacado o perseguido en la Historia no por sus ideas, sino por el mismo hecho de disentir. Al “conformismo intolerable, la vacuidad moral y la vulgaridad interesada nada les parecía más demoledor como el espíritu y la libertad”, precisamente porque, como decía De Zulueta, no había nada más creador.
Sin lugar a dudas, el elogio a Giner, en nuestra opinión, sigue teniendo un gran valor en la España actual.
Nuestra fuente ha sido el número 4689 de El Socialista, de 18 de febrero de 1924.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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