Reformas y resistencias en relación al fisco en la España del XVIII
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La Hacienda Real en tiempos de los Austrias tuvo tres grandes problemas. En primer lugar, y como factor clave, pesó sobre ella como una losa asfixiante el excesivo gasto producido por la política militar emprendida por la dinastía, provocando periódicas bancarrotas. En segundo lugar, la Corona de Castilla tuvo que soportar casi toda la carga fiscal, y dentro de Castilla, los sectores productivos, dada la existencia del privilegio estamental. Los reinos de la Corona de Aragón se protegieron de esta presión gracias a sus ordenamientos jurídicos propios, basados en el pactismo. Los intentos de centralizadores que intentó poner en marcha el conde-duque de Olivares en el siglo XVII, especialmente la Unión de Armas, no terminaron nunca de cuajar, precisamente por la oposición que suscitaron. Y, en tercer lugar, existía un problema de diversidad y complejidad en relación con la administración de los ingresos, como podía ser el arriendo del cobro de algunos impuestos, así como la existencia de una fiscalidad propia en los señoríos y por parte de la Iglesia.
Los Borbones se impusieron la tarea de afrontar los problemas fiscales y, realmente, introdujeron importantes reformas, aunque limitadas porque el absolutismo evidente de la nueva dinastía nunca pudo o nunca quiso terminar con el privilegio fiscal, uno de los pilares de la sociedad estamental, y una de las causas principales de que la Hacienda del Antiguo Régimen siempre fuera deficitaria.
Por otro lado, hay que entender que el siglo XVIII no se vio afectado por tantas guerras, con lo que el peligro de bancarrota sin desaparecer, porque existió en la segunda etapa del reinado de Felipe V y en el reinado de Carlos III, no fue tan agobiante hasta el reinado de Carlos IV, ya en la crisis evidente del Antiguo Régimen.
Pero donde los Borbones sí plantearon un cambio radical fue en el hecho que los territorios de la Corona de Aragón pasarían ahora también a contribuir, en consonancia con la centralización establecida con los Decretos de Nueva Planta. En este sentido, Felipe V impuso la Contribución de toda la Corona de Aragón. Cada reino tuvo que aportar una cantidad a través del Catastro en Cataluña, la Única Contribución en Aragón, el Equivalente en Valencia y la Talla en Mallorca.
En el reinado de Fernando VI se produjo el intento más ambicioso de reforma fiscal, aunque aplicado a Castilla. Su inspirador fue el marqués de la Ensenada, que pretendía sustituir los múltiples impuestos que se cobraban por una contribución única, además de perseguir la implantación de un régimen racional y eficaz en el sistema tributario. Para establecer la cuantía correspondiente era necesario conocer antes la población existente y realizar un recuento de propiedades y bienes. Esta información se recopiló en lo que se conoce como el Catastro de Ensenada, una fuente histórica fundamental para conocer la Castilla de mediados del siglo XVIII, ya que se ejecutó entre 1749 y 1756. Pero la reforma fiscal no se produjo porque, en realidad, podía tocar privilegios fiscales, y una cuestión era obligar a contribuir a los territorios de una Corona vencida en una Guerra y otra muy distinta trastocar los pilares del Antiguo Régimen.
Por otro lado, Ensenada puso en marcha el Real Giro, un organismo con el fin de hacerse cargo de la extracción de metálico por cuenta del erario y de los particulares, y de la negociación de valores y efectos en el extranjero, y aunque supuso un verdadero éxito terminó por diluirse después de que su creador saliera del poder.
A lo sumo, algunas reformas emprendidas consiguieron aumentar los ingresos de la Hacienda Real, al recuperarse algunos impuestos que se habían transferido a los señoríos, además de frenarse la venta de bienes de la Corona, una práctica muy habitual en el siglo XVII.
En el reinado de Carlos III se adoptaron otras medidas con el fin de aumentar los ingresos, ya que la amenaza del déficit volvió a cernirse sobre la Hacienda Real, debido a la guerra contra Inglaterra. En este sentido, estaría la creación de la Lotería (1763). En principio, sus beneficios debían aplicase a hospitales, hospicios y obras pías, pero los apremios de la Hacienda hicieron que se destinaran a la misma.
Otro medio fundamental para contar con más financiación sería la fundación del Banco de San Carlos en 1782. Por fin, habría que destacar los vales reales, como un modelo de deuda pública para atender el déficit, y que gestionaría el Banco, pagado un interés del 4% anual. La nueva institución se hizo cargo de los pagos de la Hacienda e invirtió en el comercio colonial, pero no pudo evitar la depreciación o devaluación de los vales, porque se emitieron demasiados y hubo un claro incumplimiento de los pagos, por lo que los problemas de la deuda pública no se solucionaron, agravándose a partir del reinado de Carlos IV cuando, además, la economía entró en una evidente crisis.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.