Los visigodos. El arrianismo (Y III)
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Desde el punto de vista religioso, las diferencias entre arrianismo y catolicismo, que se centraban en la cuestión de la igualdad y la coeternidad de las tres personas de la Trinidad, a muchos nos puede parecer poco consistente.
Por eso estimamos más aceptable, la hipótesis de que si los godos habían adoptado las creencias arrianas, fue, al menos en gran medida, por haber sido ésta, la teología dominante en el Imperio de Oriente, cuando ellos se convirtieron al cristianismo en el siglo IV. Y muchos son los expertos que han pensado, que si persistieron mucho tiempo en esta creencia, fue porque contribuía a reforzar, su sentimiento de ser diferentes, de la población mayoritaria hispano-romana, cuyos miembros eran, en su gran mayoría, católicos. El arrianismo devino en Hispania, con el tiempo, un factor mucho menos importante, en cuanto a determinar el sentimiento de identidad.
El sínodo arriano, que se celebró en Toledo en 580, modificó su teología, aceptando de manera efectiva, la coeternidad y la igualdad del Padre y el Hijo - aunque seguía negando la del Espíritu Santo – con el fin de hacer que el conjunto, resultará más aceptable para ciertos católicos, entre los que se contaba el obispo Vicente, de Zaragoza. Por lo tanto, las líneas fronterizas entre los dos bandos, se estaban deshaciendo progresivamente.
La existencia de dos comunidades, arriana y católica, significaba que la mayoría de las ciudades importantes, tendrían que tener, paralelamente, iglesias y cleros de ambas religiones. Asimismo existían jerarquías eclesiásticas rivales, con obispos de las dos confesiones confrontados unos con otros, en todas, o en la mayoría, de las diócesis. Aunque, por desgracia, se sabe muy poco, sobre las prácticas del arrianismo, en el reino visigodo. No hay forma de saber, cuantas iglesias tuvo la comunidad arriana, al igual que no hay modo de averiguar, que diferencias pudo haber, si es que las hubo, entre las formas y las palabras del culto arriano y las del católico.
Según algunas fuentes, la división religiosa, parece que se fue convirtiendo en algo cada vez menos significativo. Independientemente, de cual fura la realidad en cuanto a cifras comparativas, con respecto al número de creyentes – y podría ser que en Hispania hubiera, en la práctica, muy pocos arrianos en comparación con el número de católicos – la asociación entre la élite y el clero arriano, hizo que a la monarquía, le resultara difícil, cambiar su opción religiosa. Cambiar de religión implicaba un riego político importante. Si la nobleza goda apoyaba a la jerarquía arriana, es improbable que el rey tuviera posibilidades de actuar, incluso con el apoyo de los obispos católicos, y los terratenientes hispanoromanos. Al mismo tiempo, tuvo que existir un reconocimiento creciente por ambas partes, de que este era un problema que había que resolver.
Por lo tanto, es probable, que gran parte de la aristocracia goda laica, fuera convenciéndose de la conveniencia de reconocer, que valía la pena eliminar la división religiosa. Pero el problema estaba en como hacerlo, sin provocar reacciones violentas. Es probable que los obispos arrianos, al igual que sus colegas católicos, procedieran de las filas de las familias más importantes, y dispusieran de toda una red de relaciones sociales y políticas, de forma que todos sus miembros, pudieran temer la pérdida de su influencia local y su prestigio, si los principales canales de comunicación, entre las regiones y la corte se modificaban, transfiriéndose de unas clases dirigentes arrianas a otras católicas.
En tales circunstancias, la propia conversión personal de Recaredo al catolicismo en 587, justo diez meses después de su subida al trono, fue claramente un acto simbólico de gran importancia, así como el catalizador que aceleraría el cambio necesario, para solucionar la cuestión. Sin embargo, aunque esta conversión, iba a acabar con la división religiosa, tenía que ir acompañada, de una auténtica reconciliación de la jerarquía episcopal arriana, y sus poderosos partidarios seglares. Concretamente, estos últimos, tenían que sentir que no corrían peligro alguno, de perder el patrocinio real y su posición social. El modo en que todo eso, llegó a conseguirse en la práctica, está envuelto en tinieblas, por la falta de datos.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.