Notas sobre la Contrarreforma
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La Iglesia Católica reaccionó ante la situación de cisma, que provocó la Reforma protestante y, tras advertir la incontestable fuerza y heterogeneidad de la misma. Inició lo que se conoce por la historiografía como la Contrarreforma, cuyos principales instrumentos fueron el Concilio de Trento y la creación de la Compañía de Jesús (jesuitas).
El Concilio de Trento (1545-1563) estableció los principios fundamentales con los que la Iglesia Católica se enfrentaría al protestantismo, aunque, como podemos intuir por las fechas, no fue fácil su desarrolló, habida cuenta de la magnitud de los problemas, y las distintas posiciones religiosas y hasta políticas implicadas.
El Concilio determinó una nueva forma de organización eclesiástica y se estableció que los sacerdotes se formaran en seminarios porque se reconoció que faltaba formación, y porque se hacía necesario saber contestar a los nuevos desafíos. También se reformó el derecho canónico, con el fin de evitar los abusos del pasado, pero reafirmando el principio de jerarquía en el seno de la Iglesia. Por último, se determinaron los dogmas esenciales del catolicismo, estableciendo que una fe sin obras era una fe muerta, por lo que se impulsó el ejercicio de la caridad, un asunto fundamental en la Europa católica de la época barroca. Además, se remarcó la importancia de los santos como intermediarios ante Dios y de su culto, la virginidad de la madre de Dios, fomentándose el culto a la Virgen como Inmaculada Concepción. Por fin, se reafirmó la importancia de todos los sacramentos.
En 1534, el vasco Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús, con la aprobación papal. Fue la primera organización religiosa de la época moderna, surgida para apoyar al papado y extender el catolicismo. Su importancia fue decisiva: los jesuitas fundaron colegios y universidades donde educaron a la nobleza y alta burguesía, crearon importantes misiones en Asia y América e influyeron en los monarcas católicos. Con el tiempo terminó siendo un poder que levantó recelos en determinados sectores de las Monarquías católicas porque la Compañía dependía directamente de Roma, y eso, desde el punto de vista del absolutismo, no se contemplaba de forma positiva. En el siglo XVIII la Compañía terminó generándose poderosos enemigos dentro de los aparatos burocráticos y de poder del despotismo ilustrado, llegando a ser expulsada de algunos países como España.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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