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La organización de los carbonarios: las “vendite”


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En diversos trabajos nos hemos acercado a la Carbonería, y hemos planteado las similitudes y profundas diferencias con la Masonería. En este nuevo trabajo, que iniciará una serie, queremos seguir profundizando, por lo que rescatamos la información sobre la organización interna de los carbonarios, gracias al documentado trabajo que publicó la que nos parece la mejor revista de la Historia de la Masonería española, es decir, Latomia, en el primer número del año 1933 (no dejen de consultar esta verdadera joya).

Decía el autor del trabajo que la organización del movimiento carbonario se ignoraba todavía. Al parecer, nunca habría habido una dirección suprema. En cada provincia habría las "vendite” o venta en castellano, algo parecido a lo que podemos entender como logia en Masonería. Esas “vendite” estarían unidas por la “Alta Vendite”, pero éstas no estarían bajo el dominio o gobierno de una superior, es decir, no habría un punto de unión y dirección por encima, por lo que la unión se basaba en la comunión con las ideas fundamentales y algunas líneas generales en relación con el ritual.

Las reuniones de cada “vendite”, es decir, donde se desarrollaban las ceremonias del ritual, se realizaba en la “baracca”, que, al igual que el templo masónico era alargada, aunque era ser más sencilla que el segundo. La austeridad de la “baracca” venía condicionada por el hecho de los carbonarios, en teoría, debían reunirse en las carbonerías, en los hornos de carbón, en el bosque, por lo que dicho lugar debía forrarse con tablones.

Frente al damero del templo masónico como pavimiento, la “baracca” debía contar con un suelo de ladrillos.

Las dignidades de la “vendite” tenían mesas para trabajar, que solían ser trozos de tronco. No se usaban los malletes como en Masonería sino que el que actuaba como gran maestre y los vigilantes (recordemos que en Masonería hay dos vigilantes también, el primero y el segundo) empleaban hachas para anunciar con sus golpes la apertura y el cierre de los trabajos.

En la mesa del gran maestre se colocaba un crucifijo con velas encendidas, y con distintos objetos simbólicos: un paño blanco, recipientes con agua, sal y carbones encendidos (el carbón, siempre presente), una corona de espinas, y una madeja de torzal, tres cintas de color azul, rojo y negro. La “baracca” estaba presidda por un cuadro o imagen que debían representar la figura de San Teobaldo, el “patrón de los buenos primos”. Los carbonarios eran primos, frente a los hermanos masones. San Teobaldo fue conde de Champagne, que en 1050 se retiró a hacer vida de ermitaño en los bosques suabos, donde vivió de fabricar, como no podía ser de otra manera, carbón. Realizó varias peregrinaciones y llegó a Italia, El papa Alejandro II le hizo santo. En realidad, Teobaldo fue hijo del conde Arnoldo de Champage, y fue, inicialmente, soldado. Su vida cambió con la lectura de la vida de los padres del desierto, por lo que renunció a la vida militar y de poder, dado su linaje, y decidió seguir la vida contemplativa con su amigo San Walter, vagando por el norte de Francia y establecerse en un lugar solitario de Luxemburgo, construyendo cada uno una celda. Como decía la leyenda carbonaria, realizaron peregrinaciones, y una de ellas fue a Compostela, y luego a Roma. Se establecieron cerca de Vicenza, donde Walter falleció. Teobaldo llegó a reunir varios ermitaños, y puede que muriera a causa de la lepra. La canonización es de 1070. No hemos encontrado, por nuestra parte, reseña de la cuestión de la fabricación de carbón, por lo que, sin negar que fuera cierto, podría ser fruto de la leyenda carbonaria.

Seguiremos ahondando en la organización y funcionamiento interno de la Carbonería.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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