Talleyrand. Ensayo general. I
Si Talleyrand no parece tomarse muy es serio su ordenación sacerdotal, a la que alude solo de pasada en sus memorias, sí se entregó con todas sus fuerzas y talento, a su cargo de agente del clero francés con ocasión de la Asamblea general, que iba a reunirse en París en mayo de 1780. Para entonces no tenía aún experiencia alguna sobre la administración de la Iglesia, pero su capacidad de aprendizaje y de adaptación a las circunstancias, le abrieron el camino que le hizo acreedor de su primer triunfo. Su cargo, que iba a extenderse de mayo de 1780 a septiembre de 1785, lo convirtió en representante de la Iglesia ante el rey. El clero era el primero de las órdenes del reino y, poseía la cuarta parte de las propiedades del país, que producían unas rentas superiores a las del tesoro real. Gozaba de derechos y privilegios fiscales y jurídicos que sus agentes, en colaboración con las diócesis, se encargaban de defender cuando eran discutidos. Venía pue a representar, cono nos explica el historiador Waresquiel, algo así como el poder ejecutivo de un clero, cuyas asambleas generales y extraordinarias, funcionan como el poder “legislativo”.
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