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Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. III


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Harar, en el interior de Somalia, era una ciudad santa y una ciudad prohibida. Se pensaba que ningún blanco la había llegado a visitar, aunque no eran pocos los que lo habían intentado: entre ellos el doctor Krapf (de quien ya hemos hablado). Existía incluso la superstición, de que, si los extranjeros llegaran a entrar en la ciudad, ésta iniciaría su decadencia y caída. “Era, por tanto – escribe Burton – cuestión de honor, para mí, servirme de mi título de Haji, entrar en la ciudad, visitar al gobernante y, regresar sano y salvo, tras haber quebrado el encantamiento que la guarda”.

Burton no podía permanecer por más tiempo en El Cairo. Seguía siendo el haji, ataviado a la usanza árabe, tocado con el turbante verde, que era privilegio privativo de quienes habían realizado la peregrinación a La Meca. Así que, de esta guisa, subió a bordo del Dwarka en Suez, sin que fuese posible distinguirle, de ningún árabe de nacimiento. Uno de los pasajeros de a bordo era el padre William Strickland, un primo de Isabel que jamás había tenido la ocasión de conocer a Burton. Éste extendía su estera devocionario en cubierta y, bien cerca de Strickland, entonaba el sãlat, las oraciones islámicas que también son obligatorias cinco veces al día. También viajaba a bordo James Grant Lumsden, miembro del Consejo de Bombay. Con el tiempo llegarían a ser buenos amigos y le invitó a hospedarse en su casa, mientras estuvo en Bombay.

En Bombay, por vez primera, Burton se movió en círculos bastante más elevados, que cuando era un joven teniente y, gracias a poderosas amistades, como el noble escocés John Elphinstone, décimo tercer barón de dicho título, que acababa de ser nombrado gobernador de la Presidencia de Bombay, tuvo acceso a la cúspide del poder. El doctor John Steinhauser, también había regresado a Bombay y, él y Burton hablaron continuamente de un proyecto, la traducción completa de Las mil y una noches, ya que en inglés sólo existían versione parciales. Y es harto probable que, a su regreso a Bombay, Burton conociera a Foster Fitzgerald Arbuthnot, un funcionario nacido en la India, miembro de una de las más importantes familias anglo-indias. Arbuthnot había estado anteriormente imbuido, por la absorbente idea, de que se consiguiera se prestara toda la atención posible, a la literatura de la India, de Persia y Arabia, colocándolas al nivel de la literatura clásico greco-romana. Burton y Arbuthnot descubrieron, naturalmente, que tenían no pocos intereses en común, en lo tocante a la literatura oriental. Precisamente de esta amistad, iban a nutrirse los imaginativos planes, aunque sólo parciamente llevados a la práctica, de publicar un amplio corpus de obras orientales.

Burton parece haber sido por entonces capaz, con su prodigiosa habilidad, de escaquearse, de casi todas sus obligaciones rutinarias en el regimiento.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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