Talleryrand. La revolución al fin. III
Asustado Talleyrand por lo que veía venir, corrió a Marly, segunda residencia real fuera de París, donde se había refugiado el rey tras la muerte del delfín, a proponer a los que quisieran escucharle, que la única solución posible era el que el rey se transformara “por voluntad propia”, en monarca constitucional a la inglesa y, pasara a apoyar su autoridad , ya no en un pretendido “derecho divino”, que nadie sabía que era, sino de dos cámaras, la de los comunes, elegida y, a la de los pares, integrada por la nobleza y los altos pares. Poe más que no se cansó de repetirles “yo os he prevenido, haced lo que queráis”, no le hicieron caso y, la Asamblea ya había tomado demasiada delantera, como para dar marcha atrás. Algo tenía claro el obispo de Autun ante aquella inconsciencia: no estaba dispuesto a perderse con ellos.
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