Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Para bien o para mal, John Hanning Speke hacía falta como sustituto de Stocks y, Burton siguió con sus preparativos. A pesar de ello, los directores de la Compañía de las Indias Orientales mostraron una vez más su pusilanimidad, rehuyendo asumir un apoyo en toda regla para la Expedición de Somalia. En octubre, cuando Burton estaba a punto de zarpar con destino a las costas de África, Outram recibió una carta en la que se comunicaba que la expedición, no iba a tener carácter oficial. “… sino que sería emprendida por el teniente Burton, en calidad de viajero por su cuenta y riesgo”.
Lo cruel del caso, es que la postura que adoptó Outram ante la expedición, así como su insistencia en que, caso en que llegara en efecto a realizarse, los integrantes de la misma procedieran por separado, iba a poner en peligro la vida de los cuatro oficiales y de los nativos que habían de acompañarlos. Se decidió que, en noviembre, G. E. Herne viajara a Bérbera.
Herne permaneció en Bérbera desde noviembre de 1854 hasta abril; primero se le unió en enero el teniente William Stroyan de la armada y, los dos aguardaron en aquella ciudad portuaria, relativamente segura. Su misión era recabar información sobre el estado del comercio, la trata de esclavos y las rutas de las caravanas, así como explorar y cartografiar las montañas próximas al mar. Sin embargo, haber dado por hecho que la presencia de dos oficiales británicos en Bérbera “propiciaría un sentimiento favorable por parte de los somalíes”, fue un ingenuo y grave error, un error que Burton jamás debería haber cometido. A Speke se le indicó que desembarcara en Bunder Garay, una pequeña ensenada en Arar al-Aman o “Terra de la Seguridad”, donde había de hacerse con los servicios de guías y portadores nativos, para buscar y cartografiar un celebre valle con su río, el Ouadi Nogal, así como adquirir caballos y camellos para utilizar en futuras operaciones.
¿Y Burton? Burton se había reservado el papel más interesante, más osado y más peligroso. “El autor, adoptando la vestimenta de un mercader árabe – escribe – se dispuso a visitar la ciudad prohibida de Harar. “No pude contener la curiosidad que me inspiraraba tan misteriosa ciudad”, dijo Burton en un artículo, publicado en el Journal de la Royal Geographical Society, a su regreso a Londres.
Harar era una meta digna del mejor Burton. Era una ciudad, tras cuyas murallas jamás había entrado un europeo.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.