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A propósito de la exposición sobre la Bauhaus en las Colecciones Thyssen


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

No puedo dejar de reconocer que soy un rendido fan de las pequeñas exposiciones del Museo Thyssen de Madrid sobre un tema concreto en el primer piso, que siempre nos aportan materiales para la reflexión, la comparación entre obras y artistas sobre un tema o situación, y nos invitan a una investigación posterior. Así ocurre con esta exposición que conmemora, unos meses después, el aniversario de la fundación de la escuela de la Bauhaus (1919-1933), empleando los fondos propios de la Colección madrileña de los principales protagonistas de la misma, con explicaciones sobre lo que hicieron en dicha Escuela.

La Bauhaus supone el culmen de una tendencia, nacida al calor de la Segunda Revolución Industrial, que desterró ya más aún que la primera el modo de producción artesanal de objetos. La industrialización, y más con las nuevas formas de producción -taylorismo- del último cuarto del siglo XIX, respondió a la creciente demanda de productos de uso doméstico, pero estandarizó los mismos, bajando su calidad artística de forma evidente. En ese mismo momento la figura de William Morris intentó dar una respuesta a las consecuencias de la producción industrial. Morris apostó por la calidad artesanal. Fundaría con otros personajes tan importantes como Rossetti, Burne-Jons, Madox Brown y Webb, una empresa de arquitectura y diseño industrial. Morris consiguió plantear en la Inglaterra victoriana la necesidad de recuperar la belleza de la producción gremial del pasado, a través de un acabado perfecto. Con el tiempo la empresa pasó a depender exclusivamente de él. El movimiento del Art & Crafts supuso una respuesta que, además de recuperar una forma delicada de producir objetos de uso cotidiano, útiles, prácticos y bellos, quería que las personas viviesen y trabajasen en un entorno agradable, no degradado como había provocado la Revolución Industrial. Morris, por su parte, fue un intenso socialista, intentando aunar belleza con igualdad, aunque fuera complicado, habida cuenta del valor de los objetos bellos fabricados.

Pues bien, en Alemania, ya en la segunda década del siglo XX, se partió de esta filosofía contraria a la fabricación industrial ajena al arte, pero con otro enfoque, ya que se pretendió una mayor vinculación entre el artista y el industrial. Casi recién terminada la Gran Guerra, esta idea se desarrolló en un momento especialmente fértil de las vanguardias artísticas, que conectaron con esta preocupación de fabricar objetos de uso cotidiano, pero sin volver a gustos medievalizantes preindustriales. Y así surgiría la Bauhaus de la mano del arquitecto Walter Gropius, quien planteó un método de enseñanza muy moderno y libre, con maestros de teoría artística y de otros más vinculados a lo estrictamente artesanal. Para ello pudo contar con una pléyade de artistas de aquel momento histórico para las artes.

Pero si el arte vivía una época de esplendor, el mundo de entreguerras se caracterizó por las tensiones, primero de la posguerra, y luego de la crisis del 29 y el auge de los totalitarismos, viviendo un momento más tranquilo en medio de la década de los años veinte. La Bauhaus no pudo dejar de vivir estas crisis, especialmente por los problemas de financiación que padeció. Esas dificultades afectaron a la idea inicial, porque hubo que abandonar o no primar tanto el objetivo pedagógico en favor de la maduración y progreso personal de los alumnos, para volcarse en la ejecución de encargos que produjeran ingresos. La Bauhaus, además, tuvo que cambiar de sede en varias ocasiones, además de director (Gropius, Meyer, Van der Rohe), sin olvidar la compleja relación con el nazismo hasta el fin de la escuela.

La exposición estudia el papel de cada artista, sus relaciones con los demás en la Escuela, las tensiones y los cambios de gusto y tendencias artísticas, pero, además, nos plantea la necesidad de cuestionar la visión tradicional que se ha tenido de la Bauhaus. Partiendo de su innegable contribución novedosa a la enseñanza artística, y de la indudable importancia artística de los objetos que diseñó y fabricó, se nos hacen preguntas intensas: ¿fue motor de las renovaciones artísticas o más bien se aprovechó de las mismas?, ¿y el papel de las alumnas en la Escuela?, para terminar con la más inquietante: ¿fue real la oposición al nazismo de la Bauhaus?

Una exposición altamente recomendable porque, claro está, nos ofrece obras de grandes artistas, que cien años después nos entusiasman cada vez más: Itten, Feininger, Klee, Kandinsky, Albers, Moholy-Nagy y Schlemmer.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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