Atarazanas
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
Las atarazanas eran astilleros para construir y reparar navíos, que proliferaron en la Cataluña medieval y moderna, y que son las que vamos a estudiar en este artículo.
Al parecer, las referencias más antiguas que tenemos sobre la existencia de atarazanas en Cataluña serían del siglo XI, y que se refieren a edificios e instalaciones para la construcción de barcos a los pies de la muralla de Barcelona, al lado de la Puerta de Regomir. La necesidad de contar con atarazanas en Barcelona se hizo notar en los reinados de Jaime I y de Pedro II. Los monarcas deseaban potenciar la marina en relación con la expansión mediterránea. Para poner en marcha unas instalaciones de envergadura era necesaria una financiación adecuada. En este sentido tendrían que confluir los esfuerzos la Corona, la Generalitat y la propia ciudad en varios momentos. Entre 1280 y 1300, en tiempos de Pedro III, se construyó el edificio amurallado de planta rectangular con cuatro torres en las esquinas o ángulos. El ritmo de las obras se hizo más lento con Alfonso el Benigno, deseoso de cubrir el edificio, pero hubo problemas económicos y calamidades naturales. Pedro el Ceremonioso, ante el hecho de que los navíos se estropeaban, intentó que las atarazanas se trasladasen a la Ribera, pero la ciudad no era partidaria por lo que decidió cooperar económicamente en las obras. Después se hicieron más obras y ampliaciones.
A mediados del siglo XIII alcanzaron un máximo esplendor, manteniéndolo durante un siglo, hasta la crisis general de mediados del siglo posterior. En todo caso, a comienzos del siglo XV vivieron una cierta revitalización en el reinado de Alfonso el Magnánimo cuando en 1423 se construyeron doce galeras a la vez.
Las atarazanas de Barcelona desarrollaron de nuevo una gran actividad con los Austrias, ya que necesitaban construir galeras para el Mediterráneo para su pugna contra los piratas berberiscos y el Imperio Otomano. En 1571 se construyó la famosa Galera Real de Juan de Austria, que triunfó en Lepanto. En esta época las atarazanas pasarían a ser administradas por la Generalitat (1578). En el siglo XVII se hicieron varias obras de ampliación, con tres naves nuevas. Se dio el caso de que se respetó el aspecto general del edificio porque se emplearon los materiales y el diseño medievales, aunque estas naves serían de dimensiones distintas y situadas transversalmente. Con motivo de la guerra dels segadors se fortificó el conjunto.
Los tipos de barcos del siglo XVIII obligaron a hacer ampliaciones en la nave central. En esta centuria se hicieron los barcos de las campañas emprendidas por Felipe V en Cerdeña y Sicilia entre 1717 y 1718. Pero este siglo marcaría la decadencia de las atarazanas de Barcelona por las reformas emprendidas por los Borbones en relación con el nuevo ordenamiento marítimo, haciendo a Cartagena el arsenal del Mediterráneo.
En el resto de Cataluña en tiempos medievales y a lo largo de su amplío litoral se levantaron instalaciones dedicados a construir navíos mercantes, y que tuvieron mucho auge en los siglos XVIII y XIX, en relación con el comercio colonial. Destacaría Arenys con hasta cinco talleres de gran envergadura, Mataró, que construía muchos barcos con destino a Cádiz, y Canet. Otras atarazanas a destacar serían las de Calella, Lloret, Badalona, Palamós, Blanes, Pineda, Sant Feliu de Guixols, el Masnou y Vilassar.
El paso al vapor y el empleo del hierro en los cascos marcaría la decadencia de las atarazanas catalanas. Muchas de ellas cerrarían y otras tuvieron que reconducir su producción hacia los barcos pesqueros y las primeras embarcaciones de recreo y deportivas.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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