La Arquitectura clásica nos ha legado cinco órdenes. El dórico es el primer orden arquitectónico. Carece de basa, es decir, el fuste arranca directamente del estilóbato, la última parte del estereobato, los escalones sobre los que se levanta el templo griego. El fuste está surcado por acanaladuras o estrías vivas. El capitel está formado por el equino y el ábaco. Por su parte, el entablamento, es decir, el elemento sus tentado, está formado por el arquitrabe o dintel, el friso con triglifos, que recordarían el final de las vigas de madera de los primitivos templos, y las metopas donde se incluyen relieves, y, por fin, por la cornisa. El dórico es un estilo sencillo y robusto. Representaría la facultad de unir conceptos cuando se refieren a un mismo objeto, es decir, la memoria.