Abatir columnas y sus problemas en la masonería española del XIX
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
La expresión de “abatir columnas” tiene un significado muy claro en masonería. Si las columnas son fundamentales para que exista un templo masónico, abatirlas significa el fin de una logia, ya sea de forma temporal, ya definitiva.
Pero para abatir columnas hay que seguir un procedimiento porque en masonería todo está siempre reglado, nada debe dejarse al azar.
Aunque dicho procedimiento puede tener matices propios de cada Obediencia masónica, suele presentar unos principios comunes. Hay que convocar una tenida (reunión de la logia) magna o especial y con el único objeto de abatir las columnas, es decir, que es como una reunión extraordinaria donde no se establecen ni admite otros aspectos en el orden del día.
Según nos cuenta el Diccionario Enciclopédico de la Masonería de Lorenzo Frau Abrines y Rosendo Arús (La Habana, 1883), una de nuestras fuentes favoritas, habría que convocar a los miembros de la logia a través de una plancha o boletín con unos tres días de anticipación como mínimo.
Habría que proceder a una votación. Pero cualquiera que fuera el resultado de la misma, el abatimiento de columnas nunca podría llevarse a efecto, y siempre según nuestra fuente, cuando siete hermanos, de los cuales cinco debían ser maestros, se propusiesen continuar los trabajos porque es el número que en masonería se necesita para constituir y para que funcione una logia. Así pues, por muy numerosa que fuera la logia y por más firme que se manifestase la opinión de los hermanos que hubiera votado en contra, deberían entregar todo lo que perteneciese a la logia a los hermanos que tratasen de mantenerla, siendo, por lo tanto, sus legítimos continuadores.
Los autores del Diccionario afirmaban que donde la masonería estaba bien instituida era muy raro que se infringiese esta práctica porque de ocurrir se sancionaría con rigor por las autoridades y jerarquías de una estructura y organización masónica fuerte. Pero eso no era tan común en otros países y se aludía a la propia España donde se afirmaba que los masones no reconocían la misma fuente de autoridad y donde el principio de autoridad masónica era combatido por haber muchas “parcialidades” y divergencias, aludiendo, como es bien sabido por los historiadores de la masonería española, a la intensa división que siempre ha tenido en su historia. Así pasaba que no era raro que hubiera logias divididas en facciones, y cada una queriendo quedarse como heredera.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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