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Mercedes Peces Ayuso

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

Yo el Supremo. El vademécum de todo dictador

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“Yo el Supremo Dictador de la República: Ordeno que al acaecer mi muerte mi cadáver sea decapitado; la cabeza puesta en una pica por tres días en la Plaza de la República donde se convocará al pueblo al son de las campanas echadas al vuelo. Todos mis servidores civiles y militares sufrirán pena de horca. Sus cadáveres serán enterrados en potreros de extramuros sin cruz ni marca que memore sus nombres”

Yo el Supremo, 1974, Augusto Roa Bastos

  • Publicado en Cultura

La madrecita Rusia

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Nosotros somos esa gente que construye iglesias y fábricas, que forja cadenas y monedas; somos esa fuerza viva que alimenta y divierte a todo el mundo desde la infancia hasta la tumba…»

La madre, 1907, Máximo Gorki

  • Publicado en Cultura

El reino de este mundo no está en otros

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Aunque el trueno apagara frases enteras, Ti Noel creyó comprender que algo había ocurrido en Francia, y que unos señores muy influyentes habían declarado que debía darse la libertad a los negros, pero que los ricos propietarios del Cabo, que eran todos unos hideputas monárquicos, se negaban a obedecer»

El reino de este mundo, 1949, Alejo Carpentier

  • Publicado en Cultura

Teresa y sus tardes

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Qué otra cosa podía esperarse de los jóvenes universitarios en aquel entonces si hasta los que decían servir a la verdadera causa cultural y democrática del país eran hombres que arrastrarían su adolescencia mítica hasta los cuarenta años»

Últimas tardes con Teresa, 1966, Juan Marsé

  • Publicado en Cultura

El perfume, el efímero arte de los olores

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Esto fue lo primero que todos recordaron: que de pronto apareció alguien y destapó un pequeño frasco. Y a continuación se salpicó varias veces con el contenido de este frasco y una súbita belleza lo encendió como un fuego deslumbrante».

El perfume, historia de un asesino, 1985, Patrick Süskind

  • Publicado en Cultura

Por los países del mundo imaginario de Jonathan Swift

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

«Sin duda están en lo cierto los filósofos cuando nos dicen que nada es grande ni pequeño sino por comparación»

Los viajes de Gulliver, 1726, Jonathan Swift

¿Por qué publicaría su obra de forma anónima este pastor anglicano irlandés, doctor en ciencias?

  • Publicado en Cultura

Emma de Yonville

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Cumplía con su tarea cotidiana como un caballo de noria que da vueltas con los ojos vendados sin saber lo que hace»

Madame Bovary, 1856, Gustave Flaubert

  • Publicado en Cultura

Julio Verne el visionario

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Tendremos noticias de ellos, y ellos las tendrán de nosotros. Los conozco; son hombres de mucho temple. Llevan consigo en el espacio todos los recursos del arte, de la ciencia y de la industria. Con esto se hace cuanto se quiere, y ya veréis cómo salen del atolladero»

De la Tierra a la Luna,1865, Julio Verne

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Una historia en yidis

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«La desesperación dominaba la ciudad. Y ni siquiera se pecaba ya. El mismo

espíritu maligno parecía haberse adormecido y cada hombre seguía su solitaria

vereda. El viajero ocasional que se encontraba en Goray caminaba

desconsoladamente por las calles durante un rato, y luego, con el saco vacío

y una maldición en los labios, abandonaba la población»

Satán en Goray,1933, Isaac Bashevis Singer

  • Publicado en Cultura

Emilia Pardo Bazán

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«¡Qué vida tan incómoda la de las señoras que anden siempre en estos enredos! No les arriendo la ganancia... ¡Ay!, aborrezco los tapujos y las ilegalidades... He nacido para vivir con orden y con decoro, está visto. ¿Le dará a ese tunante por venir?»

Insolación, 1889, Emilia Pardo Bazán

  • Publicado en Cultura

Lope de Aguirre, entre la locura y el fanatismo

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«La tragedia de un ser era la victoria de otro. Así son todas las demás cosas del mundo ̶ se decía Lope, con ánimo ligero ̶ y hay que andar alerta y madrugar»

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, 1964, R. J. Sender

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El estoico y Wolfe, el Balzac de Park Avenue

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Solo Epicteto había mirado a los ojos a sus torturadores y les había dicho: ‘‘Haced lo que tengáis que hacer, y yo haré lo que tengo que hacer, que es vivir y morir como un hombre’’»

Todo un hombre,1998, Tom Wolfe

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Canetti, la masa y la torre de marfil

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«No era incumbencia suya investigar si la supuesta relación entre la exactitud de su memoria y la inequívoca claridad de sus sueños se hallaba legitimada»

Auto de fe, 1935, Elias Canetti

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Casandra, tú y yo

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Hablar con mi propia voz: lo máximo. No quise más, ninguna otra cosa»

Casandra, 1983, Christa Wolf

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Lowry, alcohol, Oaxaca y Fernando

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«(…) Para ella, preocupada por él, era cuestión de abatir fantasmas. Pero para él era bastante diferente, pues en primer lugar el fantasma más poderoso que debía enfrentar era él mismo, y tenía considerables dudas acerca de si quería que, en modo alguno, lo abatiesen»

Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, 1968, Malcolm Lowry

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Ulrich, el hombre sin atributos

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

(Clarisse a Ulrich) «Tú has dicho, también, que la pereza y la costumbre hacen que no se mire a ese agujero, o que la mirada se desvíe de él entreteniéndose en otras cosas. Bien; lo que falta no es nada del otro mundo: ¡hay que salir por ese agujero!»

El hombre sin atributos, 1930-43, Robert Musil

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Pigmalión, la fonética y sus consecuencias

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Elisa no está nada influida por la necia tradición romántica, según la cual todas las mujeres gustan de ser dominadas, cuando no maltratadas de palabra y de obra»

Pigmalión, 1913, George Bernard Shaw

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Gonçalo Mendes, de la ilustre casa de Ramires

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Los políticos y los pañales hay que cambiarlos frecuentemente. Y por la misma razón»

La ilustre casa de Ramires, 1900, José María Eça de Queirós

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El Sandmann y tu arena en los ojos

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«(Nataniel) ¡De qué valen las palabras! La mirada de sus ojos celestiales dice más que cualquier lenguaje terrenal. ¿Puede acaso una criatura celeste introducirse en el estrecho círculo que traza la miserable necesidad terrena?»

El hombre de arena (Cuentos nocturnos), 1817, E.T.A. Hoffman

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Tirant lo Blanc

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Qui oblida lo passat oblida a si mateix»

(Quien olvida el pasado se olvida a sí mismo)

Tirant lo Blanc, 1460-64, publicada en 1490, Joanot Martorell

  • Publicado en Cultura

El Libro de buen amor y mucha canción profana

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Que diz verdat el sabio clarame[n]te se prueva:

omnes, aves animalias, toda bestia de cueva

quieren segund natura conpaña sienpre nueva

(por aver juntamiento con fenbra placentera)».

Libro de buen amor, 1330-43, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

  • Publicado en Cultura

Lucía, la novia de Lammermoor

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«—¿Mi amo? —replicó Craigengelt, envalentonado al ver de lejos al coronel Ashton y a Bucklaw—. Permitidme deciros que nadie en la tierra es mi amo, ni permitiré a nadie ese lenguaje conmigo»

La novia de Lammermoor, 1819, Walter Scott

  • Publicado en Cultura

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