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EL PERIÓDICO
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Ministerio de la verdad, timidez e insuficiencia


Durante estos días los medios de comunicación han publicado imágenes de como decenas de hombres armados se agolpan fuera de los colegios electorales con la extraña finalidad de estar presentes durante el conteo de votos. Si bien la constitución de los EEUU avala este hecho es una clara manifestación de la polarización social existente. Incluso los corresponsales periodísticos portan chaleco antibalas.

Las campañas de desinformación poseen finalidades más o menos concretas, y para su existencia es esencial una arquitectura de la desinformación cuyo diseño es obra de quienes poseen un interés claro y responde a razones estratégico.

En el caso de los EEUU, el comienzo del recuento comenzó con una puesta en duda de la forma en la que se estaban contando los votos. Dentro de la lógica auto conclusiva, de quienes pretenden acumular capital político con el ánimo de injerir en la normalidad institucional y democrática de los EEUU, la cuestión derivo en que no era cuestión de volver a contar los votos, si no que parte de estos votos lo eran de personas ya fallecidas o directamente falsificaciones de las papeletas en cuestión. El objetivo de este fraude electoral seria el imposibilitar, dada la innata maldad de las llamadas elites globales, el cumplimiento del MAGA, del Make America Great Again, generando el denominado efecto Zeigarnik, donde una tarea inacabada es más fácilmente recordable. Es decir, generar frustración y que esta actué como vector de polarización a futuro. Crear una minoría profundamente antisistema y resentida a mayor interés de quienes pretender acumular capital político.

El Departamento de Seguridad Nacional y el Centro Criptológico Nacional han publicado informes y guías en las que se hace referencia a la existencia de campañas de desinformación animadas por países ajenos a la UE. Campañas que cuentan con aliados y difusores autóctonos dentro de grupos y movimientos nacionales. La desinformación, es una herramienta que posee una gran potencia desestabilizadora, que según el DSN pretende “desacreditar a las instituciones democráticas a través de la generación de desconfianza y polarización social, que alientan respuestas radicales e ideologías extremistas”.

Recientemente, se ha publicado la Orden PCM/1030/2020 del Procedimiento de actuación contra la desinformación por parte del Consejo de Seguridad Nacional. Este procedimiento pretende aplicarse sobre la base de que el acceso a una información y veraz se ve cada vez más amenazada por la difusión deliberada, a gran escala y sistemática de desinformación, la cual persigue influir en la sociedad con fines interesados y espurios.

Así, según el texto publicado, la Comisión Europea, define la desinformación como “la información verificablemente falsa o engañosa que se crea, presenta y divulga con fines lucrativos o para engañar delibera mente a la población, y que puede causar perjuicio público”. ¿Cuál es el propósito del procedimiento del CSN? Redefinir los órganos, organismo y autoridades implicadas, establecer los niveles de prevención, establecer los mecanismos de intercambio de información, determinar los mecanismos de evaluación de la implementación y funcionamiento del procedimiento, definir la metodología para la identificación, análisis y gestión de eventos así como proponer el marco y composición para la elaboración y revisión de la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desinformación.

Si bien el fenómeno de la radicalización en su modalidad terrorista ha dado lugar a numerosos planes de prevención, desde hace años que se han incluido conceptos como el de la polarización y el extremismo. Ahora bien, la prevención en materia de radicalización, polarización y extremismo se ha abordado en lo que a la propaganda online se refiere sin incluir la desinformación dentro de la ecuación, limitando al fenómeno al extremismo violento y el terrorismo.

No obstante, la desinformación es una modalidad de propaganda, y cuando esta pretende buscar la polarización, es fuente de radicalización de los individuos, que deriva de manera agregada en la existencia de colectivos y actores sociales de carácter extremista. La desinformación posee otros aspectos vinculados a las llamadas estrategias híbridas, con motivación diversas, con públicos minoritarios y sobre cuestiones ajenas a la decisiones colectivas o relacionadas con la soberanía nacional o nuestro marco democrático que sin duda han de monitorizarse y combatirse.

El procedimiento aprobado por el CSN establece cuatro niveles de activación para detectar y analizar las campañas de desinformación, su impacto en la Seguridad Nacional, así como para el apoyo en la gestión de situaciones de crisis donde pudiera haber una afectación derivada de dichas campañas. Lamentablemente, todo parece indicar que artículo un sistema defensivo, centrado en la prevención, donde a la desinformación se la combate con información, y la propaganda, con contra propaganda. Prueba de ello es la ausencia, tanto en este procedimiento como en los textos de la CCN y el DSN sobre la cuestión, de la figura del desinformador, cuyo actuar no puede quedar impune, en tanto en cuando supone un ataque frontal contra nuestra instituciones y seguridad nacional. Tan solo en el Nivel 1 se menciona la investigación sobre el posible origen y el propósito de dichas campañas y en el Nivel 4, la necesidad de una respuesta política, si cabe, para el caso de que exista una atribución publica de una campaña de desinformación a un tercer estado.

No es verdad que se pretenda controlar a los medios, o decidir lo que es verdadero o falso persiguiendo la libertad de expresión. De hecho, el procedimiento hace referencia a la colaboración y la coordinación con el sector privado, cuya responsabilidad y apego a la deontología periodística no se pone en duda. Es más, es esta deontología el mejor aliado del procedimiento aprobado. Es necesario avanzar en la lucha contra la desinformación, pues de no hacerlo y permitiéndome una suerte de exageración con ánimo ilustrativo, serán ellos, lo que hacen uso de la desinformación, quienes realmente vayan a instituir un ministerio de la verdad ajena a cualquier sensibilidad democrática.

Urge soluciones legislativas que amplíen algunos supuestos ilícitos en el marco de la desinformación, vinculada al extremismo, la radicalización y la polarización, aun cuando estas no deriven en violencia, pero si en la acumulación de capital político. Es necesario un pacto de estado contra la polarización y la desinformación que incluyan diversos actores públicos y privados.

El uso de la desinformación en el marco de virulentas campañas como herramienta habitual por parte de los movimientos populistas no puede quedar impune. Urge responder pese a lo confortable que puede resultar para el decisor político situarse en una posición meramente defensiva.

Román Echaniz Carasusan es politólogo de formación, especializado en Seguridad Ciudadana y Política Anti Terrorista.