El deber
- Escrito por Dante Pesquera
- Publicado en Poetas
El labrador que, jadeante,
siega la mies en la era,
mientras en la choza espera
su familia sin comer;
que atiende al sibaritismo
de lujosos haraganes
con sus miserias i afanes,
cumpliendo está su deber.
I la joven —ya encorvada—
presa de la tos i el asma,
que aspira la impura miasma
del infeccioso taller;
que en la labor se consume,
dando a mil ociosos vida,
en tanto ella se suicida,
también cumple su deber.
El proletario, arrancando
de su hogar a la ternura,
que en la guerra, con bravura,
logró, matando, vencer;
qué como buen carnicero
se condujo en la batalla,
ganó de oro una medalla
porque cumplió su deber.
I el eeloso policía
que—velando con fiereza
de sus amos la riqueza,
que el mismo labrara ayer—
asesina al pueblo obrero
que se alza amenazador,
huelguista i espropiador,
también cumple su deber.
El macho infiel i celoso,
cuya hembra abandonada
su sed de amor, no apagada,
procura satisfacer
en mas amante regazo,
mata a la esposa infelice
por que el mundo cruel le dice:
«Lava tu honra», ¡es tu deber!
I la mujer resignada,
que sufre el yugo oprobioso
de torpe i brutal esposo
que no sabe comprender
su ternura; que se humilla
ante su legal tirano,
fiel al precepto cristiano,
cumple de esposa el deber.
El fraile -áspid funesto,
cuyo veneno sectario
van en el confesionario
pobres almas a beber,—
corrompiendo la conciencia
del joven, i el alma bella
de la púdica doncella,
cumple un “místico” deber.
I la vírjen visionaria
que, por frailes inducida
a renegar de la vida,
váse a una celda a esconder,
i se masturba inclemente
sobre su huérfano lecho,
ahogado en llanto el pecho,
cumple su casto (?) deber.
La ramera sin ventura,
que lleva al rostro marcado
el estigma depravado
de la vida del burdel;
que por llevar pan i lumbre
a su anciana madrecita,
vende su carne marchita,
¡pobre! ¡cumple su deber!
El que ayer fué un productor
que, en la máquina encorvado
dejó un miembro mutilado,
i hoi se vé palidecer
de hambre, desnudez i frio,
siendo un pordiosero triste
que sucios andrajos viste,.
cumple el pobre un deber.
Si apostrofáis a un. verdugo,
que en la infame guillotina
judicialmente asesina,
os dirá, sin comprender
que esa cabeza que rueda
se roba a la humana grei:
«así lo manda la lei,
i yo... cumplo mi deber...
Si la esplosion del grisú
mata de asfixia al minero:
si un naufrajio al marinero
le impide al puerto volver;
si al soldado en la batalla
una bala lo destroza...
¡ah! esa plebe jenerosa
muere cumpliendo el deber!
¡Negra deidad, que consagras
desigualdad tan impía:
para algunos, alegría
para los demás; dolor,
ya tu templo se desploma:
con la reja de su arado
lo está destruyendo airado
Anarkos, el Vengador.
De los parias el torrente
a tus aras se abalanzan,
todos a unísono lanzan
el grito de Rebelión!
Tantos injustos deberes
caen rotos i maltrechos
al tomar de los derechos
inmediata posesión.