El verdugo
- Escrito por Antonio Trueba
- Publicado en Poetas
Viéndome estrechar la mano
benevolente y afable
de los pequeños y humildes,
que tengo por mis iguales,
la suya me dio el verdugo
para que se la estrechase;
mas yo retiré la mía,
porque aborrezco la sangre.
—¿Por qué mi mano no estrechas?
—Porque la mía no manche.
—¿No soy acaso tu hermano?
—No; Caín no lo es de nadie.
—La ley me hizo un instrumento.
—¡Ley santa! ¡Instrumento infame!
—Mi padre es también verdugo.
—Odia al verdugo, ama al padre.
—Manchado á este mundo vine.
—No hay manchas que no se laven,
con lágrimas, si adquiridas;
con sudor, si originales.
En vez de verter, restaña
sangre de tus semejantes.
Empuña una noble esteva
en vez de un cuchillo infame,
y te diré en mis cantares:
¡Hijo del trabajo, salve!