Marina
- Escrito por José Domenech
- Publicado en Poetas
Entre el empuje inmenso de los raudales
donde riela la luna su refulgencia,
van formando en las ondas los vendavales
fantásticas visiones de transparencia.
Son olas que, al erguirse siguiendo al viento,
enroscándose suben en mil chasquidos,
que los ecos repiten en mar adentro
cual si fuesen lejanos llantos cautivos.
Son ruidos que semejan en lontananza
el chocar de cien besos con rabia ansiosa;
cálices que se estrellan si la bonanza
vierte en sus borbotones fiebre anhelosa;
pausadas vibraciones que en sus cristales
con arpegios sonoros de languideces,
van formando los sueños do mis ideales,
embriagado en amores hasta las heces;
son los cantos sublimes de la sirena
que surge entre rizados montes de espuma,
si la noche es callada y está serena
argentando las aguas la clara luna.
El hada misteriosa de los cantares,
la ilusión que de ensueños el alma llena,
va emergiendo briosa de entre los mares
y el ritmo de su acento rompe en la arena.
Yo que la escucho siempre desde las rocas,
do se estrella en espumas el agua hirviente,
voy sumiendo en la fiebre mis ansias locas,
esperándola en vano mi amor ardiente.
Que cuanto más la ansía mi amante anhele
más se aleja, se aleja, su eco sonoro,
como risa que burla mi desconsuelo
con promesas que ocultan un yo te adoro.
¡Ilusiones del alma!, blancas espumas
de un licor que envenena brindando el mal,
vagas notas que llegan de entre las brumas
añorando recuerdos de un ideal.
Sois vosotros, encanto de mis ansiones,
los que halláis vida y forma de una ilusión,
agradable resumen de las pasiones,
inconscientes anhelos del corazón.
Por eso, cuando tiñe desde el Poniente
el sol la mancha obscura del arrecife,
y envuelve entre sus rayos de luz candente
los trozos olvidados del viejo esquife,
cual el ave marina, rauda gaviota,
cruzo el piélago inmenso de la esperanza,
sin temor á las furias que el viento azota:
que quien lucha y espera todo lo alcanza.
(Vida Socialista, septiembre de 1910)