Resurgimiento
- Escrito por José Trigo Durán
- Publicado en Poetas
Cuando lucen por Oriente los albores matutinos
y las aves cariñosas nos advierten con sus trinos
que se acerca el astro-rey fulgurante y bienhechor,
como tétricos fantasmas, en ciudades y en aldeas,
de las fábricas se miran las parduzcas chimeneas
coronadas por penachos de humo negro asfixiador.
A través de la penumbra, por las calles solitarias,
se distinguen ciertos bultos que, en las sombras funerarias
se confunden y se pierden al momento de surgir, lilas,
son los miseros ilotas, los esclavos haraposos
que, callados y sumisos, se dirigen presurosos
hacia el templo del trabajo sus labores á seguir.
En las fábricas y campos, en las minas y talleres,
al brillar el nuevo día se prosiguen los quehaceres,
cual tributo que se rinde á la luz que renació,
resurgiendo poderoso, con vitálico ardimiento.
como símbolo de vida, el sublime movimiento
que la noche, con sus sombras terroríficas, turbó.
El horrísono estampido del barreno pavoroso
en las minas se percibe, que, con fuerzas de coloso,
las montañas de granito osa fiero triturar,
y en las fábricas se agitan con ruidos atronantes
las poleas y motores, los cilindros y volantes
que estremecen el recinto en su rápido girar.
En los campos, los gañanes, por caminos y senderos,
sobre el lomo de las bestias que conducen los aperos,
al trabajo se encaminan con pesada lentitud,
entonando con premura las poéticas canciones
que recuerdan sus amores y sus dulces ilusiones,
ó la negra desventura de una infame ingratitud,
Y á la vez que á las abejas se contemplan laboriosas
en los pétalos posarse de las flores pudorosas
que se cimbran cariñosas al sentirse acariciar,
se distingue allá, á lo lejos, la veloz locomotora,
por trincheras y caminos avanzando aterradora,
desgarrando nebulosas en su horrendo trepidar.
Alejándose con pausa de la misera majada,
el pastor, tras las ovejas, por el monte ó la cañada,
se divisa proseguido de su perro guardador;
y se miran retozones á los tiernos corderinos,
y se aspira la fragancia de romeros y tomillos
que embalsaman el ambiente con su aliento embriagador.
Por doquiera que se mira, como atléticos titanes,
al ejército de hambrientos, al calor de sus afanes,
se contempla trabajando con pasmosa actividad,
ya forjando en los talleres sobre el yunque los metales,
ya labrando los sembrados ó segando los trigales,
ya en faenas diferentes buenas á la Humanidad.
Al nacer la luz febea, todo es vida y movimiento,
como emblema sacrosanto del feliz resurgimiento.
que es de sombras y tinieblas implacable destructor.
y el bullicio trajinesco por los ámbitos del mundo
repercute, como un canto, que magnifico y profundo,
al trabajo se levanta, á la vida y al amor.
(Vida Socialista, julio de 1912)