Poesía de la mina II
- Escrito por F. Pérez de la Vega
- Publicado en Poetas
Yo vi, rudo minero,
hundir t u pico en él peñasco duro,
y tú, con ardor fiero,
derribar aquel muro
en donde el oro se mostraba obscuro.
Y vi cuando, incesante,
tu pico en sus entrañas descargabas,
do la chispa brillante
del pedernal brotabas,
para alumbrarte en lo que acaso cavas.
Caer la gota amarga
yo también vi, de tu dorada frente.
Con la pesada carga
te vi cuando, valiente,
vigoroso te alzabas y potente.
Vi de tus negros ojos
la lágrima correr hasta t u pecho,
si punzantes abrojos
á t u cuerpo maltrecho
de abrigo le sirvieron y de lecho.
Tender hacia el amigo
con entusiasmo tu callosa mano;
partir tu pobre abrigo
con el minero hermano,
cual tú, sujeto al yugo del tirano.
¿Quién ¡ay! no te envidiara?
Lejos de la fortuna, nada tienes.
¿Quién al verte pensara
que el capital sostienes
con el sudor de tus pajizas sienes?
¡Tú, de polvo cubierto,
en el abismo obscuro trabajando,
á quien con paso cierto
la muerte está acechando,
los minutos de vida perdonando!
Y ya que adversa suerte
se cebe en ti con saña desmedida,
no detenga la muerte
t u mal segura vida,
en informe peñasco retenida,
y arroje ya su lazo
á tu cerviz humilde con violencia;
mas no, que eres el brazo
protector de la Ciencia
que á probar nos da su magnificencia.
Eres tú la esperanza,
que alienta ciega en el avaro pecho;
del oro y sin templanza
con su torpe derecho
te despojan, y tú... ¡no tienes lecho!
Loor á ti, minero;
altivo yergue la cerviz triunfante.
Cual mártir te venero,
y más que excelso Atlante
Apolo con sus glorias te levante.
(Vida Socialista, marzo de 1910)