Invernal
- Escrito por José Trigo Durán
- Publicado en Poetas
¡Ya viene el invierno!...
Ya viene el invierno con sus tempestades,
con sus días tristes, lluviosos y fríos,
con sus huracanes,
con sus granizadas
y sus vendavales.
¡Ya viene el invierno!...
Ya viene el invierno cual monstruo implacable,
á cubrir de luto, de llantos, de penas'
y necesidades,
de los proletarios
los tristes hogares
¡Ya vienen los días tétricos y horribles;
¡los días fatales
de hielos y nieve!
en que al levantarse
de sus pobres lechos los trabajadores,
¡los que tanto valen!
¡los que al mundo vida
le dan con sii sangre!
miren con el alma llena de amargura,
con tristeza grande,
que ni ropa tienen
buena y aceptable,
que le preste abrigo
y que le resguarde
del frío espantoso,
terrible y funesto que hiere sus carnes.
¡Ya vienen las noches!...
Las noches horribles, crudas é infernales,
que los que carecen
de un hogar y un lecho en donde acostarse,
vaguen pesarosos
por plazas y calles,
muertos de amargura,
de frío y de hambre,
con afán buscando
un portal cualquiera donde refugiarse
del agua, del frío,
del viento que corre ó la nieve que cae.
Mas, ¡ay!, mientras ellos
buscan los portales
y en ellos se apiñan
cual tétrico enjambre,
y unos sobre otros
se aprietan y estrujan para calentarse,
rodarán los coches
veloces, á escape;
llevando en sus senos
á viejos magnates
y á jóvenes damas
bellas y elegantes,
que el momento anhelan
de llegar al baile
en donde le esperan
sus tiernos amantes,
y en donde la vida
es grata y sublime, divina y amable.
¡Todo es allí bello!
y por todas partes
se ve la grandeza, del oro un derroche
en lujo insultante.
Allí todo es dicha, placer y alegría;
allí no se sabe
¡lo que son dolores,
lo que son tristezas, lo que son pesares!
¡Hermosa es la vida en aquellos salones!
¡hermosa, adorable.
Y entre los perfumes
y entre los fulgores de luces brillantes,
el rico hacendado,
el noble magnate,
el fuerte banquero,
la dama elegante,
puñados de oro
gastarán gozosos en sus bacanales,
mientras que otros seres
se mueren de hambre
y pasan las noches horribles de invierno
durmiendo en el suelo de obscuros portales.
¡Oh mundo perverso!
¡Mundo miserable!
Me espantan, me asombran y asustan
¡tus obras infames!
(Vida Socialista, diciembre de 1911)