Un texto de José Enrique Rodó sobre el obrero
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
José Enrique Rodó (1871-1917) fue un destacado escritor uruguayo, además de político, y creador del “arielismo”, una especie de corriente que defendía la tradición grecolatina. Fue periodista y poeta a partir de 1895, participando en la fundación de la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales. En los ensayos que allí publicó estudio el sentimiento de malestar de la época, especialmente, en “La vida nueva”. Aunque no terminó sus estudios universitarios, dado su temprano prestigio, fue nombrado profesor de Literatura en la Universidad de Montevideo. En 1900 saldría publicada su obra más conocida, Ariel, donde se defendía su corriente del “arielismo”.
En política fue miembro del Partido Colorado de José Batlle, siendo elegido diputado por Montevideo en 1902, aunque renunciaría a su cargo en 1905 por la desilusión que le produjo la realidad política uruguaya. En 1906 publicó Liberalismo y Jacobinismo. Además, se fue distanciando de Batlle. Fue, además, una dura época personal para Rodó acentuándose su pesimismo vital. Escribió Motivos de Proteo, una compilación de artículo didácticos en los que parece que recuperaba el optimismo y un cierto idealismo. Rodó expresaba con parábolas su idea de la regeneración personal, basada en que cada individuo debía aspirar a la perfección y los ideales desinteresados. Volvió a la política en 1907, siendo elegido dos veces diputado. En 1913 publicó El mirador de Próspero, y en 1915 se dedicó a las obras de Rubén Darío, Simón Bolívar y Juan Montalvo. Emprendió un viaje a Europa como corresponsal de la revista argentina, Caras y Caretas. Estuvo en España, Francia e Italia. La muerte le sorprendió en un hotel de Palermo cuando solamente tenía cuarenta y cinco años de edad. Sus restos no serían repatriados hasta 1920.
Además, de lo que hemos expuesto sobre su ideal de la regeneración personal y del arielismo, Rodó fue un destacado defensor del americanismo frente a la cultura norteamericana, y fue considerado por los defensores de la Reforma Universitaria como uno de sus inspiradores. Su defensa del correcto funcionamiento de la democracia influyó claramente en Ortega y Gasset.
Pues bien, recuperamos un texto suyo sobre los obreros, que el Almanaque de Tierra y Libertad publicó en su número de 1934.
El texto: “El Obrero Cuando todos los títulos aristocráticos fundados en superioridades ficticias y caducas hayan volado en polvo vano, sólo quedará entre los hombres un título de superioridad o de igualdad aristocrática, y ese título será el de obrero. Esta es una aristocracia imprescriptible, porque el obrero, por definición, es el hombre que trabaja, es decir, la única especie de hombre que merece vivir. Quien de algún modo no es obrero, debe eliminarse de la mesa del mundo; debe dejar la luz del sol y el alimento del aire y el jugo de la tierra, para que gocen de ellos los que trabajan y producen; ya los que desenvuelven los dones del vellón, de la espiga o de la veta; ya los que cuecen con el fuego tenaz del pensamiento, el pan que nutre y fortifica las almas. Todo gremio, toda colectividad profesional tie* necesidad de asociarse, de unificarse, de adquirir personalidad corporativa para pensar en el conjunto de los intereses sociales. El trabajador aislado es el instrumento de fines ajenos, y el trabajador asociado es dueño y señor de su destino.”
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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