La necesidad de espacios libres para los niños en el centro de Madrid (1924)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
El doctor Milla vinculado al socialismo, y que escribió un sinfín de artículos en El Socialista sobre cuestiones de salud e higiene desde una clara vinculación social, explicó a los lectores al comenzar el mes de junio de 1924 en las páginas de dicho periódico obrero la importancia de la salud y la vida de los niños en el centro de la capital española a cuenta del debate sobe que hacer con los solares del Hospicio.
En realidad, para el doctor Milla no había debate posible, ni se admitía discusión alguna ante la necesidad de proporcionar a Madrid un “pulmón vivificante”.
Los solares debían destinarse a espacios libres, para campos de recreo de los niños porque era una medida de higiene cuyo interés colectivo superaba a cualquier otro, y más en un distrito donde la densidad de población era la más elevada de toda la urbe. El distrito ocupaba 46 hectáreas y tenía 57.000 habitantes, es decir, que la densidad era de 1239 habitantes por hectárea. Pero dicha densidad aumentaba en algunos de sus barrios, como los de Jesús del Valle, Bilbao, Campoamor y San Pedro.
Era cierto que el distrito contaba con algunas vías amplias, aludiendo a los bulevares de Sagasta y Carranza, y a la Glorieta de Bilbao, pero, curiosamente, ese barrio tenía una altísima densidad.
El siguiente argumento era el de la mortalidad, cuyas cifras, aportadas por el doctor Milla, eran tremendas. El índice de mortalidad era del 23’22 por mil, aunque algún barrio, como el de San Pablo alcanzaba el tremebundo índice del 30’24 por mil.
Milla recordaba que el distrito tenía unos 10.000 niños, que no disponían de lugares para moverse y respirar. Solo se contaba con la Plaza del Dos de Mayo, pero, a pesar de que era grande, no se podía usar mucho por estar totalmente ocupada por jardines.
Milla no quería más jardines, “y parques ridículos y amanerados, ni más arbustos tallados de formas absurdas que obstruyan el libre esparcimiento de los niños”. Quería plazas cubiertas de arena, con muchos árboles eso sí; espacios exclusivamente destinados al recreo de los niños, era lo que necesitaba Madrid. Y lo era porque una ciudad que no cuidaba de sus niños y no les proporcionaba sitios donde sin peligro para su salud y vida puedan hacer ejercicio, no merecía el calificativo de culta, con más razón Madrid, donde sus viviendas modestas eran como un instrumento de tortura, el “Herodes de la civilización urbana”.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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