Cuando Longuet protestó por el posible traslado de los restos de Marx a la URSS
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Como es sabido, Karl Marx está enterrado en Londres, donde falleció. Pues bien, al parecer, en el año 1924 la Delegación del Gobierno de los Soviets en Londres se puso en contacto con el Gobierno británico, en ese momento en manos laboristas, para solicitar el traslado de las cenizas de Marx.
Ante la noticia de este hecho, publicada en la prensa, el socialista francés Jean Longuet, nieto de Marx, protestó, en su nombre y el de sus hermanos, herederos únicos, en una carta dirigida al premier MacDonald.
Longuet recordaba donde estaba enterrado su abuelo, pero, sobre todo, remarcaba que Marx había llegado a Inglaterra como refugiado político y en la misma había encontrado asilo. Durante más de cuarenta años, seguía recordando, había estado en contacto estrecho con la clase obrera británica y había encontrado en dicho país las bases científicas para componer El Capital. Longuet defendía la idea de que su abuelo siempre había tenido plena confianza en la clase obrera inglesa, y que la historia había demostrado que dicha confianza estaba plenamente justificada. Su idea de la civilización socialista no podía nacer sino en las naciones más desarrolladas económica e industrialmente de Occidente. Parece como si estuviera haciendo una crítica a la adaptación marxista de Lenin, según interpretamos nosotros.
Creía que, efectivamente, Marx hubiera sentido simpatía por los esfuerzos y realizaciones del primer gobierno obrero que el mundo conocía, refiriéndose al Gobierno laborista, pero, al igual, no hubiese aceptado nunca, cualquiera que hubiera podido ser su simpatía general por el resurgimiento revolucionario del pueblo ruso, que sus cenizas, su memoria y su concepción socialista fuesen monopolizadas por el “comunismo moscovita”. Es más, recordaba que Marx siempre había sentido desconfianza por los “métodos rusos”, tanto de la Rusia zarista como de la de Bakunin, referencia, cuando menos, harto curiosa porque, aunque indudablemente el enfrentamiento con Bakunin fue total, poco tenía que ver el anarquista ruso con lo que pasaría después en las Revoluciones rusas.
Que hubiera admirado las cualidades combativas de Lenin y su devoción sin límites por la revolución, no significaba, según Longuet, que la obra del bolchevismo estuviera inspirada en la filosofía marxista.
Si había una Rusia inspirada en Marx era la de Plejanov o la de Martov, pero de ningún modo en la de Zinoviev.
Por todo eso, y por la voluntad de los herederos, los restos de Marx debían permanecer en la capital británica.
Los socialistas españoles publicaron la carta en su número del 5 de junio de 1924.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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