¿Cuáles son las diferencias entre un rebelde y un revoltoso?: aprendiendo con Álvaro Yunque
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Álvaro Yunque o Arístides Enrique José Roque Gandolfi Herrero (1889-1982) fue un escritor argentino fundamental especialmente a partir de los años veinte. Fue cuentista, dramaturgo, historiador, ensayista, pero, sobre todo, poeta. Su obra supera la cincuentena de títulos. Fue uno de los protagonistas del grupo de los “escritores sociales”. Se trata, a nuestro entender, de un personaje a descubrir por los lectores actuales.
Pues bien, nosotros aprovechamos unos textos suyos publicados por el Almanaque de Tierra y Libertad de 1933 para aprender sobre que diferencias existirían entre un rebelde y un revoltoso.
En principio, tanto el rebelde como el revoltoso negaban, pero el primero después de esta acción de negar intentaba realizar algo superior a lo que negaba, es decir, estaría buscando, a nuestro entender, una alternativa.
El revoltoso sería exhibicionista y buscaría el escándalo porque vivía para los hombres no por los ideales. Dependía de la opinión sobre ellos, aún de los que le condenaban. Los revoltosos preferían esa atmósfera porque eran incapaces de respirar “el aire más denso de las alturas”, el que respiraba el rebelde.
El revoltoso sería superficial. Ni subía muy alto, ni era capaz, como el rebelde, de hundirse en la tierra o en el mar, “a fin de extraer oro o perlas”, es decir, ni tenía pensamientos elevados, los ideales a los que tanto aludía nuestro autor, ni buscaba indagar y profundizar, como interpretamos nosotros su expresión sobre hundirse en la tierra o el mar. Eso sí, el revoltoso exhibía ese oro y esas perlas, pero como joyas.
El rebelde, por el contrario, soñaba. Es verdad que el revoltoso en sus sueños volaba también pero mientras el primero sería como un cóndor, el segundo sería como una mariposa que iba de flor en flor, de teoría en teoría.
Entre el rebelde y el revoltoso habría la misma diferencia que entre la raíz y la hoja. La raíz, que se renovaba permanentemente, en apariencia no se movía, en tanto que la hoja estaba a merced de la “brisa bohemia”. Su inquietud estaba provocada por causas exteriores siempre.
El revoltoso solo tendría vida pegado a las ideas de quienes se nutre, las que les llegaría merced a los rebeldes, es decir, las raíces del árbol de la humanidad.
El motín es exterior, mientras que la revolución sería interna. El motín sería obra de los superficiales mientras que la revolución es siempre labor de útiles; era la obra de los pensadores mediante los que trabajaban.
Otro símil: en un líquido se produciría una revolución cuando en el mismo se operaba un fenómeno químico que modificaba su naturaleza, es decir, un fenómeno que cambiaba la estructura de sus átomos. Un motín era simplemente la agitación del líquido moviendo el recipiente que lo contenía. El motín o la “revolución política” era un purgante, solamente sacaba afuera lo que ya iba a ser expulsado.
Como vemos, un verdadero poeta.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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