Ventajas de las cooperativas de consumo para los trabajadores por Enrique Lluria
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En diciembre de 1907 Enrique Lluria dio un verdadero curso sobre cooperativas de consumo en el Centro Obrero de Madrid (todavía no se había inaugurado la Casa del Pueblo), bajo los auspicios de la Liga Española para la Instrucción Popular. El texto de la extensísima conferencia se publicó en distintos números de la publicación El Socialismo. Nosotros queremos entresacar algunas enseñanzas de este ejercicio pedagógico sobre lo que el autor consideraba ventajas para los trabajadores de acudir a una cooperativa de consumo.
En primer lugar, con el mismo dinero se podrían consumir productos de mayor calidad que los que un trabajador podía adquirir en un establecimiento particular. A esta cuestión de calidad se unía a que era imposible el fraude y las falsificaciones en una cooperativa de consumo. El capítulo de falsificaciones era muy conocido: aclarar con agua la leche, “bautizos” del vino, alcoholes falsificados con agua y luego con vitriolo con el consiguiente peligro, agregar polvo a la pimienta molida, haría o yeso al azúcar, y hasta se falsificaban las hojas de te, etc. Lluria afirmaba que el consumidor vivía indefenso ante una situación tan general, dentro y fuera de España. Pero la cooperativa tenía los recursos indispensables para evitar el fraude. Suprimía, de primeras, una de las fuentes del propio fraude, el tendero. Además, en las cooperativas se hacían analizar los productos. En todo caso, el cooperador era un cliente difícil de engañar.
La cuestión del precio era evidente, además de la de la calidad.
Por fin, habría una tercera ventaja que tiene que ver con lo que el movimiento obrero de signo socialista consideraba muy importante, y que tenía que ver con el carácter pedagógico de las cooperativas. Efectivamente, los socialistas creían que el cooperativismo habituaba al trabajador a formarse en gestión y eso era indudablemente muy importante para el futuro de la sociedad socialista. Lluria afirmaba, por su parte, que la cooperativa de consumo era un lugar de reunión, y no sólo de venta. Era un lugar para practicar una sana distracción, y donde encontraba camaradas, conferencias y libros, es decir, todo lo contrario de la taberna.
Hemos trabajado con el número del 20 de enero de 1908 de El Socialismo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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