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La crisis de 1917 en España


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La neutralidad española en la Gran Guerra favoreció a la economía española, puesto que las necesidades de los contendientes estimularon la demanda de productos agrarios e industriales. Pero esta situación no fue tan favorable para los trabajadores, ya que la masiva exportación provocó un alza de precios y la carencia de productos básicos. El deterioro de la capacidad adquisitiva de los obreros generó una fuerte conflictividad social que afectó al sistema.

En 1913 regresaron los conservadores al poder de la mano de Eduardo Dato, provocando la escisión de los seguidores de Maura, los mauristas. Pero, también los liberales se dividieron en varios grupos, siguiendo a distintos líderes: conde de Romanones, García Prieto y Santiago Alba. Esta disgregación interna de los partidos dinásticos aumentó la inestabilidad. Se rompía así el turnismo. Los Gobiernos entre 1913 y 1917 fueron débiles, recurriéndose al cierre periódico de las Cortes, así como a la aprobación de decretos para poder gobernar al margen del parlamento. Esta situación contribuyó cada vez más al desprestigio del sistema. La oposición al mismo comenzó a exigir una reforma profunda en un sentido democrático.

En el verano de 1917 la situación estalló en una crisis múltiple: militar, política y social.

La crisis militar estuvo protagonizada por las Juntas de Defensa. El Ejército empezó a cuestionar el sistema interviniendo en la vida política. Entre los militares había surgido un gran malestar desde la derrota de 1898, acentuado por el auge de los regionalismos y las críticas a su funcionamiento y eficacia. Reaccionó con fuerza y consiguió la aprobación de la Ley de Jurisdicciones (1906). A la altura de 1916 el malestar había crecido ante los bajos salarios por la generalizada subida de precios y, especialmente, a causa de la política de ascensos que premiaba a los militares del Ejército de Marruecos, discriminando a los que servían en unidades peninsulares. Este malestar militar contra el Gobierno provocó la creación de dichas Juntas, especie de asociaciones sindicales que defendían los intereses económicos y profesionales del cuerpo. Presionaron al poder civil, que terminó por legalizarlas, acentuando la autonomía e injerencia militar en la vida política española.

Como respuesta al clima de inestabilidad y crisis, Dato decretó la censura de prensa y la suspensión de las garantías constitucionales y de las Cortes. Ante estas medidas autoritarias y en medio de grandes protestas, Cambó, dirigente de la Lliga Regionalista, convocó en Barcelona en julio una Asamblea de Parlamentarios, a la que asistieron parlamentarios republicanos, regionalistas, algunos liberales y Pablo Iglesias. Estos parlamentarios pretendían que se convocaran Cortes Constituyentes, la aplicación de un programa reformista y que se respetase la realidad plurinacional de España. Pero la heterogeneidad ideológica de la Asamblea y el rechazo de las Juntas de Defensa, que se situaron al lado del Gobierno, facilitaron la disolución de la Asamblea.

La tensa situación social favoreció el acercamiento de la CNT y la UGT en 1916, convocando con éxito una huelga general de 24 horas en diciembre. Cuando Dato regresó al poder en junio de 1917 no se vio comprometido con las promesas hechas, por lo que el movimiento obrero consideró la necesidad de llevar a cabo una huelga general, aunque los socialistas desde Madrid deseaban esperar a que se tuviera éxito frente a la actitud de la CNT de Barcelona de convocarla inmediatamente. El 19 de julio estalló una huelga ferroviaria en Valencia, y se desencadenó un proceso huelguístico, que arrastró a los socialistas a pesar de la cautela que pidió Pablo Iglesias, redactándose el manifiesto que incluimos. La movilización se extendió por Asturias, País Vasco, Madrid y Cataluña, pero no contó con el apoyo de los parlamentarios críticos, ni con el de las Juntas de Defensa. El propio Ejército se encargó de la represión con dureza de la huelga.

Dato volvió a formar gobierno y logró contener la crisis, gracias al apoyo del Ejército y de gran parte de los parlamentarios de la Asamblea, temerosos de la revolución social. Pero, realmente, la crisis había demostrado la incapacidad del sistema para ampliar sus bases sociales y democratizarse. La conflictividad social se agudizó en un contexto de crisis económica. La guerra de Marruecos agravó aún más la situación.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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