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Deporte obrero y esperanto hacia 1930


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En distintos trabajos de los últimos tiempos hemos ido estudiando el interés que parte del movimiento obrero de signo socialista tuvo por el esperanto como un instrumento para el entendimiento entre los trabajadores, líderes sindicales y políticos de distintos países, es decir, por su validez en el trabajo internacional, tan importante para esta familia del movimiento obrero. En España, el propio Pablo Iglesias valoraba el esperanto y Francisco Azorín sería el gran apóstol de su causa en el seno del socialismo español.

Pues bien, en este marco queremos hacernos eco de la opinión de otro socialista, en este caso austriaco, Hans Catceb, en un artículo que se tradujo y publicó El Socialista el 14 de octubre de 1930. Catceb era el secretario de la Federación deportiva obrera de Austria y del Comité de los Juegos Olímpicos de 1931. El trabajo versaba sobre la relación entre el deporte obrero y el esperanto.

Catceb valoraba que el movimiento deportivo obrero tenía ya un lugar importante en la emancipación del proletariado internacional. La labor de los partidos de la Internacional Obrera Socialista, es decir, la mayoría de los partidos socialistas occidentales en el período de Entreguerras, era hacer a los trabajadores más combativos y con ese fin era muy importante ofrecer fuerza intelectual y física. El deporte obrero aspiraría a que se alcanzase ese objetivo porque el mismo avivaba el valor, la fuerza y la energía necesarias en el mundo del trabajo.

El movimiento deportivo obrero se basaría no en sentimientos nacionalistas sino en una aspiración de fraternidad universal. Las relaciones internacionales suscitadas por el deporte de vanguardia realizaban cada día más lo que había proclamado Marx sobre la unión de los trabajadores de todos los países.

Los encuentros deportivos internacionales habían creado relaciones amistosas ente los deportistas obreros, pero también entre los trabajadores de distintos países. Pero esos días de confraternización podrían ser más eficaces si no se dieran las dificultades de comunicación derivadas de los diversos idiomas.

Así pues, el socialdemócrata austriaco abogaba por la unión del deporte obrero con el esperanto, la lengua internacional. El deporte sería la manifestación exterior, mientras que el esperanto el movimiento de comunicación. Si ambos colaboraban se podría apresurar la hora de la emancipación obrera.

Terminaba explicando que para las segundas Olimpiadas Obreras iban a acudir a Viena en 1932 miles y miles de jóvenes trabajadores de dieciocho países distintos con el fin de participar en una verdadera manifestación de la cultura física del proletariado. Por el deporte y por el ideal, afirmaba, se entenderían, pero para comprenderse mejor era necesario un idioma común, el esperanto.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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