Por la calefacción colectiva: una reflexión del invierno de 1935
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
El periódico El Socialista reflexionó en diciembre sobre las ventajas de las redes de calefacción colectivas en las grandes poblaciones. En la columna se afirmaba que la calefacción colectiva funcionaba con éxito desde hacia tiempo en varias ciudades alemanas, como Berlín, Dresde, Hamburgo, Kiel, Barmen y otras. La red de Barmen tenía conductores de 45 kilómetros y también destacaba la de Hamburgo.
Los tubos de calefacción colectiva se extendían por New York en una longitud de 61 kilómetros y la red daba servicio a varios millares de abonados.
En París también había redes de calefacción. Una de ellas arrancaba de la central termoléctrica de Saint-Ouen, siguiendo por los bulevares Berthier y Maleshebes, calle Rívoli y Lanbourg Saint- Antoine hasta el muelle de la Rapée. Otra red servía a varios edificios entre el bulevar Pereire y la calle Bayon, y otras en Saint-Cloud, Champerret, Orleans y Saint-Mandé. Una de estas redes servía a 1130 radiadores.
También había redes en Bélgica y Holanda.
Las instalaciones norteamericanas tenían como base centrales termoeléctricas, utilizando vapores de escape de las turbinas, sin perjuicio de la construcción de centrales destinadas especialmente para la calefacción.
Después de ensayar hasta tres sistemas, los técnicos recomendaban el vapor a presión, y con el objetivo de conseguir el mayor ahorro, se planteaba que las centrales termoeléctricas se equipasen de tal modo que facilitasen el vapor a todas horas, pero, principalmente en aquellas en que se realizaba el menor gasto de corriente. El equilibrio se mantenía con acumuladores de calor, que almacenaban el mismo para devolverlo cuando hacía falta.
La economía que se lograba con este sistema de calefacción colectiva a domicilio podía llegar al 60%. El rendimiento de una central era más constante que el de múltiples instalaciones particulares, y su mantenimiento era más barato. Además, la utilización del vapor procedente del escape de las fábricas era una base de economía.
Se trataba de un sistema que se encontraba todavía en sus comienzos hasta en los países más avanzados, y por eso el periódico no esperaba que se viese implantada en España en poco tiempo, aunque, al parecer, hacia unos dos otres años que se había hablado de la creación en Madrid de una empresa que pretendía instalar esta mejora.
Y es que Madrid podía ser una ciudad ideal, ya que el invierno era muy duro y muchas viviendas de trabajadores no disponían de calefacción propia.
Hemos trabajado con el número del 26 de diciembre de 1935 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.