El Partido Obrero Belga en sus inicios
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En la recién nacida Bélgica y, a pesar del innegable auge industrial y económico que el país estaba teniendo, las cuestiones sociales tenían que competir con otras de candente actualidad. En primer lugar, estaban las políticas, al terminar una revolución y comenzar a construir una monarquía liberal. Pero también había fuertes discusiones de tipo religioso y la cuestión del anticlericalismo. Los círculos verdaderamente socialistas eran muy reducidos, formados por intelectuales. En este contexto apareció un personaje, en cierta medida, peculiar.
Así es, Jacob Kats nació en Amberes, hijo de un exoficial holandés, que tuvo que abandonar su país a causa de un duelo. Kats se puso a trabajar en una fábrica textil pero en 1819 se trasladó a Bruselas y empezó a estudiar por la noche para formarse, y terminar también por enseñar, aunque tuvo que regresar a trabajar de tejedor en 1830. En aquella época comienza a denunciar los abusos sociales. Creó un grupo o hermandad que, en la segunda mitad de la década de los treinta y principios de los cuarenta, hacía reuniones en la región flamenca de Bélgica. También comenzó a interesarse por el teatro como un instrumento para propagar sus ideas, por lo que se lanzó a escribir obras donde plasmar sus críticas sociales, además de ser director y actor en las representaciones. En algunas ocasiones fue detenido. Kats publicó “El Verdadero Amigo del Pueblo” a principios de la década de los años cuarenta, gracias a la ayuda económica del demócrata francés Lucien Jottrand. En 1847 trabajó con Marx y Engels. El fracaso de la Revolución de 1848 le desalentó en gran medida. Posteriormente se dedicó de forma más profunda al mundo del teatro. Nuestro protagonista moriría en Bruselas. Kats defendía la emancipación religiosa y cultural de los obreros y la obligación del Estado en el bienestar general, en la línea del francés Louis Blanc. El Estado debía invertir en educación, instaurar el sufragio universal y un sistema fiscal progresivo.
En los inicios del socialismo belga, además de la figura y obra de Jacob Kats, se encuentra un personaje que merece que nos detengamos en él. Nos referimos al barón Jean Hyppolite de Colins (1783-1859), miembro de una antigua familia de la nobleza. Se marchó a París con el propósito de estudiar en la Escuela Politécnica, pero terminó haciéndose militar para servir a la República y a Napoleón. En tiempos de la Restauración se marchó a Cuba donde practicó la agricultura y la medicina. En la isla tuvo relación con un polifacético coruñés, Ramón de la Sagra. Al estallar la Revolución de 1830 regresó a Francia. También estuvo en Viena conspirando. En 1834 publicó la obra Pacto Social, donde comenzaron a perfilarse sus ideas. Partiendo del liberalismo, se pueden rastrear algunas premisas socialistas en un sentido reformista, especialmente cuando vincula la justicia social con la verdadera libertad.
Posteriormente, De Colins participó en las Jornadas de Junio de la Revolución de 1848, siendo encarcelado por ello. En 1856 publicará La economía política, fuente de las revoluciones y de las utopías que se pretenden socialistas. Póstumamente vio la luz Sobre la justicia de la ciencia, fuera de la Iglesia y de la Revolución (1859).
De Colins partía de la filosofía para construir su pensamiento. Pretendía conciliar la inexistencia de Dios con la inmortalidad del alma. Era antimaterialista, y defendía la existencia del alma. Pero, además, defendió una filosofía de la historia basada en la existencia de tres períodos o fases. En primer lugar, estaría la época de la fe, luego la del escepticismo y, por fin la de la ciencia. En los primeros tiempos el hombre habría llevado una vida puramente material, donde no conocía sus derechos y estaba sujeto la ley del más fuerte y a la teoría religiosa de la obediencia. Pero gracias al progreso tecnológico, los hombres se habían librado de esas ligaduras y habían emprendido una crítica profunda de las instituciones establecidas. Por fin, se llegaría al tercer período cuando el hombre haría prevalecer la razón sobre las opiniones y creencias.
En cuestión de pensamiento económico, De Colins partía de la dualidad entre capital y trabajo, que era como la existente entre materia y alma. Cuando la fe era el eje de la sociedad, en la economía imperaba el capital. Cuando cambiase la piedra angular de la sociedad y fuera la ciencia, entonces estaríamos en la hegemonía del trabajo. A la hora de promover la llegada de la ciencia aparecería lo que el definía como el socialismo racional.
Sus ideas se condensaron en Socialisme rationnel, ou, Association universelle des amis de l’humanité, 1849 y en Qu’est-ce que la science sociale?, 1853 y 1854. Además, escribió Science sociale, 1857 (19 vols.), De la souveraineté, 1857 y 1858 (2 vols.) y De la justice dans la science hors l’église et hors la révolution, 1860. Por otro lado, puso en marcha la revista Philosophie de ‘lavenir. Revue internationale du socialisme rationnel (1875 - 1914).
Para el socialismo racional el orden no podía descansar más que sobre la fuerza o la razón. Si lo hacía por la fuerza no podía mantenerse más que por la violencia organizada y sistemática por parte del poder. Si lo hacía sobre la razón, se basaría en el consentimiento voluntario y reflexivo de todos. En el primer caso, como el orden era igual que la injusticia y la desigualdad era inestable, y susceptible de ser alterado a causa del descontento que generaba. En el segundo caso era estable. Los cambios y transformaciones que le podía afectar no hacían más que fortalecer su propia fortaleza, y eso era porque los progresos y mejoras serían el resultado de un esfuerzo “hacia algo más profundo que la razón misma”.
Entre los seguidores del socialismo racional habría que citar a Adolphe Hugentobler, Louis de Potter, Agathon de Potter y Fernand Brouez, entre otros.
De Colins fue partidario de terminar con el pauperismo mediante la socialización de los medios de producción. La propiedad debía estar en manos del Estado, aunque la gestión y organización debía realizarse a través de organismos públicos muy autónomos o de comunidades locales, así como de cooperativas de trabajadores y particulares.
Otro personaje importante del primer socialismo belga, fue el flamenco Edmond Van Beveren, protagonista indiscutible también del primer internacionalismo, pero que no pudo desarrollar una larga vida de compromiso porque moriría en diciembre de 1897. Van Beveren nació en Gante en 1852 en el seno de una familia trabajadora, ya que su padre era criado y su madre lavandera. Entró a trabajar como oficinista en una fábrica de tejidos, y también trabajaría como maestro pintor. Con apenas dieciocho años se vinculó a la AIT, la Primera Internacional, en 1870. Su protagonismo en la historia del movimiento obrero comenzaría con su participación en la huelga de tejedores de Gante a pesar de que ya era pintor, ya que consiguió que sus compañeros de oficio colaborasen económicamente para sostener a los obreros tejedores en huelga. Este hecho y las palabras que dirigió a los asistentes a la asamblea de huelguistas le granjearon una evidente fama. A continuación de este acontecimiento pasó a vivir en Amberes, colaborando en el periódico Werker.
La derrota de la Comuna y la general represión que ocasionó en media Europa le obligaron a pasar a residir en Holanda, lugar donde se dedicó a estudiar la organización de la socialdemocracia alemana, un hecho muy importante porque le serviría en su posterior tarea de fundador de la organización política obrera belga. Así pues, al regresar a Gante consiguió que se reconstituyese la Sección obrera local, siguiendo las premisas alemanas aprendidas. Van Beveren contribuiría al surgimiento del Partido Socialista de los Trabajadores Flamenco junto con Edward Anselee y Louise Bertrand. La formación nacería oficialmente en el Congreso de Malinas de mayo de 1877, siguiendo el programa de Gotha.
Nuestro protagonista fue también uno de los creadores y organizadores del Voourit, cooperativa-casa del pueblo, que nacería en 1881, con autorización gubernamental unos años después, y que se convertiría en un modelo para el socialismo europeo. Van Beveren escribiría sobre cooperativismo. Van Beveren sería elegido concejal en Gante en 1895. Siempre se destacó por su oratoria, pero también por su infatigable trabajo como escritor, organizador y administrador. También fue un protagonista del antimilitarismo. Van Beveren vinculó siempre su defensa de lo flamenco con el socialismo, así como fue un luchador por el sufragio universal. No debemos olvidar nunca la doble situación belga, la flamenca y la valona, y que repercutirían también en el socialismo de aquel país, en el controvertido asunto de la relación del mismo con el nacionalismo.
El Partido Obrero Belga nació en el mes de abril de 1885 en la cafetería De Zwaan, en la Grande Place de Bruselas. Allí se reunieron ciento doce trabajadores, que no eran, precisamente, obreros de grandes fábricas, con excepción de los que procedían de Gante, sino del mundo artesanal. Estaban representados distintos grupos, y algunos personajes como Edward Anseele. Precisamente, procedía de Gante, siendo uno de los grandes pioneros del socialismo belga. Estuvo en el Congreso socialista de 1877 y trabajó en la revista De Volkswill, que terminaría convirtiéndose en un periódico socialista, Vooruit!. Pero también participó activamente en el potente movimiento cooperativista belga.
Se da la circunstancia de que al redactarse el programa del partido se decidió que no se denominaría socialista porque se pensaba que dicho término podía parecer muy radical a algunos sectores obreros. El principal defensor de esta idea fue César de Paepe, medico graduado en la Universidad Libre de Bruselas, y que se fue acercando al socialismo a través de las ideas de Proudhon y Colins. Estuvo en la Primera Internacional, y se alineó con los anarquistas, aunque evolucionaría hacia el marxismo. Sería otro de los padres del Partido Obrero Belga.
En el seno del socialismo belga también hay que citar a los hermanos Léon y Alfred Defuisseaux, muy activos al final del siglo XIX. Léon comenzó su carrera política antes de la fundación del POB. Su gran lucha fue siempre la del sufragio universal. Su hermano fue un gran protagonista en la defensa de los mineros, especialmente del Borinage. Defendió en los tribunales a las víctimas de los accidentes mineros, y famosa fue la indemnización de 100.000 francos que consiguió para las viudas y huérfanos de los obreros muertos en una explosión de grisú. Su intenso compromiso con estos trabajadores provocó que las compañías mineras emprendieran una activa campaña en su contra, teniendo que marcharse durante un tiempo del país. Estuvo en la insurrección de Bulgaria, cayendo enfermo, por lo que su hermano Alfred tuvo que viajar para atenderle. Como Léon se empeñó en la lucha por el sufragio. En este sentido, publicó en 1886 el Catéchisme du Peuple, que en poco tiempo consiguió vender más de 250.000 ejemplarles.
Su labor como socialista provocó no sólo la inquina de las empresas mineras, sino también de las autoridades, ya que sufrió varios procesos con condenas de prisión. Pero también tuvo problemas con el Partido Obrero Belga a raíz de la radicalización minera, ya que el socialismo belga empezaba a temer la deriva anarquista valona, y Alfred sería expulsado en 1887 de la formación, aunque con el tiempo se reincorporaría al Partido. Alfred sería elegido diputado por Mons, como su hermano.
Louis de Brouckère comenzó en el seno de las ideas de Proudhon pero luego evolucionó hacia el marxismo. Fue un destacado periodista e ingresaría en el Partido en los años noventa. También fue activo en la Segunda Internacional.
Por fin, Émile Vandervelde, que desarrollaría un gran protagonismo político, ya se destacó en el Partido, pero, sobre todo, en la Segunda Internacional, donde desarrolló un intenso protagonismo, especialmente desde 1900 hasta su desaparición. Estuvo al frente de la Oficina Socialista Internacional. También fue diputado belga desde 1894.
El principal problema que tuvo durante mucho tiempo el Partido Obrero Belga fue que, por el sistema electoral no se conseguían escaños por Flandes, por lo que, por ejemplo, Anseele tuviera que intentar salir elegido por Lieja; aunque, eso sí, lo consiguió. La lucha por el sufragio universal fue una constante de esta formación durante mucho tiempo, empleando la tribuna parlamentaria y la huelga como medio de presión. En todo caso, con mucho esfuerzo fue sacando escaños a partir de 1894. Cuando se consiguió el pleno sufragio universal masculino al terminar la Gran Guerra, el Partido experimentó un enorme empuje electoral.
El socialismo belga tuvo como principal órgano de expresión, Le Peuple, un diario en francés, publicado en Bruselas, y fundado en 1884. Su fundador fue Jean Volders, y allí escribieron las principales figuras del socialismo belga. Hacia 1909 su tirada superaba largamente los cien mil ejemplares diarios.
Un hecho sobresaliente del movimiento obrero socialista belga fue la construcción y desarrollo de la Casa del Pueblo de Bruselas que, además, de dar cobijo al Partido, al sindicalismo y al cooperativismo, fue un edificio muy relevante del modernismo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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