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La fundación de las ligas socialistas alemanas en el exilio en la primera mitad del XIX


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Tras la Revolución de 1830 y el Festival de Hambach en mayo de 1832, una de las primeras manifestaciones de la unidad alemana desde una perspectiva democrática, muchos republicanos, procedentes de los círculos jóvenes de obreros y artesanos, tuvieron que emigrar a París. Fue el momento en el comenzaron a crearse ligas y asociaciones. Así es, la creación de organizaciones revolucionarias formadas por alemanes fuera de las fronteras de los distintos estados existentes antes de la unificación es una característica de la primera etapa del movimiento obrero alemán. En relación con la Revolución de 1830 París se convirtió en patria de exiliados liberales europeos, pero también de artesanos, obreros e intelectuales con deseos revolucionarios más intensos. En 1832 nació allí la Unión Popular Alemana. Sus integrantes eran artesanos del ramo de la zapatería. Su labor se centró en la publicación y distribución de folletos en alemán para poder distribuirlos en los estados alemanes occidentales.

En 1834 nació la Liga de los Proscritos formada por trabajadores y artesanos alemanes. La Liga tomó muchos aspectos organizativos de las sociedades secretas dado su carácter clandestino y conspirativo, especialmente de los carbonarios, tan activos en la Italia del momento, con derivaciones en los países latinos. La forma de actuar de los carbonarios podía aportar muchas enseñanzas para eludir la acción de las policías alemana y francesa. Existió, por tanto, un cierto paralelismo en materia organizativa, dada la fuerza de los aparatos represivos, entre las organizaciones de tendencia liberal y nacionalista y las obreras, en la década de los treinta y parte de la de los cuarenta del siglo XIX. Pero dichas semejanzas no irían más allá.

Esta nueva organización publicó una revista mensual, llamada El Proscrito, que comenzó a ser dirigida por un periodista republicano, que había sido profesor de la Universidad de Heidelberg, llamado Jakob Venedey. Pero al ser expulsado de París por las autoridades fue sustituido por Éduard Rauch, un tipógrafo alsaciano, aunque Venedey no tardaría en regresar. Eso ocurría en 1835. Pero el alma de la publicación era, sin lugar a dudas, Theodor Schuster, antiguo profesor en Gotinga, y que se dedicó a difundir las ideas del socialismo utópico francés y las de tipo económico de Sismondi. Schuster defendía la creación de unos talleres nacionales para combatir la desigualdad generada en las fábricas, y a la que se veían abocados los artesanos de los gremios y talleres que se estaban aboliendo y cerrando en Europa con el triunfo de las ideas librecambistas. Es interesante comprobar el hecho de que Schuster era consciente de que el progreso del pueblo pasaba por terminar con la monarquía, algo común a las oleadas revolucionarias liberales de esta época, pero con un trasfondo social que no tenían las revoluciones liberales, ya que sostenía que la monarquía realmente estaba formada por los privilegios, siendo el principal de todos ellos, la riqueza, alejándose, claramente, del espíritu liberal-burgués, que atacaba los privilegios legales pero no económicos, por lo que ya se habían terminado las posibles concomitancias con las sociedades secretas.

La Liga de los Proscritos elaboró unos estatutos. Interesa detenernos en uno de sus principios porque definía el objetivo de la organización, que no era otro que la afirmación y mantenimiento de la igualdad social, política y de la libertad. En 1834 se publicó una hoja con el título de Profesión de un proscrito, en el que se exigía el establecimiento de una república democrática que garantizara las libertades, y que debía estar basada en los principios de la igualdad. Así pues, la Liga de los Proscritos defendía tanto la igualdad como la libertad, como pilares del Estado, de la estructura política.

Theodor Schuster (1808-1872), uno de los fundadores con Venedey de la Liga de los Proscritos, fue un personaje importante en este primer socialismo alemán. En El Proscrito mantuvo una polémica con Venedey a propósito del carácter de la revolución. Venedey creía en la necesidad de la misma para acabar con la tiranía y la injusticia, y luego ya se pensaría en la construcción un mundo nuevo, sin precisar los pilares sobre los que se sustentaría. Pero Schuster defendía que era fundamental sentar antes las bases sobre las que debía guiarse la revolución, así como la sociedad nueva que había que crear, basada en la igualdad. Además, los trabajadores debían ser los protagonistas de la revolución. Estaba reivindicando la importancia de la ideología, de la elaboración de ideas, y del debate sobre qué tipo de estado y sociedad se quería establecer, frente a una revolución sin bases ideológicas bien fundadas.

Schuster escribió después Pensamiento de un republicano (1835), donde expuso de forma más sistemática sus ideas, con claras influencia de Fourier, pero también del neobabouvismo. En la obra se interrogaba sobre la contradicción entre la riqueza del país y la miseria reinante entre la mayor parte de la población. La desigualdad en el reparto de la riqueza era la respuesta, el fundamento de la sociedad capitalista.

En 1836 surgió la Liga de los Justos por iniciativa del exiliado alemán Karl Schapper, que había tenido que salir de Suiza por sus actividades revolucionarias, y del sastre Georg Weissenbach. Era una escisión del ala más democrática, cuyos miembros eran contrarios a lo que consideraban el autoritarismo de los proscritos, además de incidir más en lo social que lo político. En este sentido, es significativo lo que escribía Engels en su Contribución a la Historia de la Liga de los Comunistas (1885), al afirmar que la Liga de los Justos nació gracias a los elementos más radicales de la Liga de los Proscritos, quedando en ésta los “elementos más retardatarios”, como calificó al propio Venedey. Por fin, también nos relata el fin de los Proscritos, fruto de una mezcla de la persecución policial y de la propia disolución interna, hacia 1840.

La Liga de los Justos adquirió, por lo tanto, una clara dimensión socialista o comunista. En este sentido, Schapper escribió La Comunidad de los bienes, aunque sería Wilhem Weitling la gran figura de la nueva organización, que en su La humanidad tal como está y tal como debería estar combatía a los socialistas utópicos, defendiendo el protagonismo de la clase obrera en su emancipación. La Liga se desarrolló fuera de Francia, especialmente en Londres donde se creó una sección. A mediados de los años cuarenta, Marx y Engels se acercaron a esta organización. Ambos habían fundado en Bruselas el Comité de Correspondencia Comunista. Aunque Marx valoraba a Weitling no compartía su teoría comunista, manteniendo un duro debate con él. Entre estas controversias, en el mes de junio de 1847 se celebró un Congreso en la capital británica donde se acordó la fusión del Comité de Correspondencia en la Liga de los Justos, que pasó a denominarse Liga Comunista o Liga de los Comunistas. En su seno nació un encargo editorial de enorme trascendencia, y que no es otro que el Manifiesto Comunista de 1848. La Liga adoptó como lema el que luego se empleó en el propio Manifiesto: “¡Proletarios del mundo uníos!”. El artículo primero de sus estatutos afirmaba que la Liga tenía como meta liberar al hombre de la esclavitud, mediante la difusión de la comunidad de bienes y su realización práctica lo más rápidamente posibles. También se puso en marcha un periódico, el Kommunistiche Zeitung, aunque solamente salió un número.

En el segundo Congreso de la Liga en el mes de diciembre de ese mismo año de 1848 y también en Londres se abandonaron las tesis de Weitling y se adoptaron las marxistas. El objetivo sería el derrocamiento de la burguesía, el dominio del proletariado, la abolición de la sociedad de clases y la fundación de una sociedad nueva, sin clases ni propiedad privada. En cuestiones organizativas se adoptó el principio del centralismo democrático, y se eliminaron los aspectos y métodos conspirativos. La organización tenía en ese momento ya quinientos miembros.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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