La Primera Internacional
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En 1863 tuvo lugar una importante reunión en Londres de un Comité que preside George Odger. Dicha organización redactó un manifiesto pidiendo la solidaridad de los obreros franceses para con el pueblo polaco en su lucha por las libertades, además de proponer medidas de presión para evitar la contratación de trabajadores extranjeros. Por fin, el Comité aprobaba la necesidad de que se celebrasen congresos internacionales para comprobar e impulsar las acciones a tomar por parte de los obreros.
La primera reunión se celebraría el 28 de septiembre de 1864, momento en el que, a petición del francés Tolain, nacía la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.).
En la reunión en el St. Martin’s Hall de Londres, asistieron delegados de organizaciones obreras, trade-unionistas británicos, proudhianos franceses, miembros de la Asociación de Trabajadores Alemanes, exiliados alemanes, polacos, húngaros, italianos, etc..
La asamblea de delegados eligió un comité provisional donde había cartistas, sindicalistas, socialistas de distintas tendencias, seguidores de Proudhon y los que, muy pronto, con disgusto del propio Marx, también presente en el comité, iban a ser conocidos como marxistas.
Marx se convirtió en personaje clave de la Internacional cuando fue encargado de redactar un “Llamamiento inaugural de la Internacional”. En el texto destacan varias ideas. En primer lugar, la Internacional no debía abolir las asociaciones nacionales, sino potenciar a escala mundial su actividad. En segundo lugar, se propugnaba que la emancipación de la clase obrera sería obra de los propios trabajadores. Y, por fin, que no habría emancipación sin lucha por el poder político. Estas ideas quedaron recogidas en el Preámbulo de los Estatutos organizativos de la Internacional.
La Internacional desempeñó un papel capital en el fortalecimiento de la conciencia de la clase obrera. De acuerdo con sus Estatutos, se crearon en los países europeos distintas federaciones nacionales que agrupaban a las secciones locales que se iban constituyendo. En todo caso, la organización de la AIT como tal no fue muy estable o precisa. Estaba el Comité Central o Consejo General con sede en Londres, que dirigía las secciones locales de los países, y la idea era celebrar congresos anuales.
La Internacional se implantó rápidamente en Francia, Bélgica, Suiza, Italia, Alemania y España. La AIT englobaba muchas tendencias y opiniones distintas sobre cómo dirigir el movimiento obrero. Había fuertes diferencias entre los miembros por sus orígenes nacionales y por la diversidad de su base social: obreros industriales, mineros, trabajadores de oficios tradicionales, jornaleros y hasta campesinos. En realidad, las divergencias eran anteriores a la propia existencia de la Internacional por mucho que Marx pretendiese que se habían llegado a una especie de consenso con los Estatutos. Así, por ejemplo, el mismo y Lassalle habían roto claramente sus relaciones desde 1859, especialmente por las ideas del segundo en relación con Bismarck. Lassalle ya no vivía, pero sus seguidores fueron fieles a sus ideas y se enfrentaron a los marxistas. La disputa más intensa fue protagonizada por los seguidores de Proudhon porque abogaban por una evolución pacífica y gradual y rechazaban la revolución, además de no ser partidarios de la participación obrera en la política, ni de la intervención del Estado en las cuestiones laborales. Por otro lado, los seguidores de Marx defendían la huelga como instrumento de lucha, la participación obrera en la política, y la conquista de una legislación laboral, especialmente para conseguir la jornada de ocho horas y el fin del trabajo infantil.
En el Congreso de 1866, aunque no estuviera presente Marx por motivos de salud, el enfrentamiento entre los proudhonianos y los marxistas fue evidente. El asunto clave fue el mencionado de la huelga. Los primeros era claramente contrarios a la misma, propugnando la creación de cooperativas de producción. Los marxistas ingleses rechazaron de plano estas propuestas, así como la idea de los proudhonianos de que en el Consejo General solamente debía haber obreros manuales. En dicho Congreso, además, se trató sobre las medidas a emprender para la reducción de la jornada laboral y para la mejora de las condiciones laborales de mujeres y niños. Estas cuestiones también generaron polémica porque los proudhonianos no querían que interviniera el Estado en la reglamentación laboral. Al final, salieron ganando las propuestas marxistas.
En el Congreso de 1867, celebrado en Lausana, se debatió el papel de la lucha política de la clase obrera. En línea con lo que ya hemos señalados los seguidores de Proudhon se manifestaron radicalmente contrarios a ese papel político, insistiendo, además, en su negativa al recurso de la huelga, pero su influencia estaba en clara decadencia en la Internacional. Además, se dio un hecho contradictorio. Mientras se celebraba el Congreso se produjo una importante huelga de broncistas en París que recibió el apoyo unánime de la Internacional, por lo que los grupos proudhonianos estaban apoyando en la práctica algo que criticaban en la teoría.
En una línea parecida a la de los proudhonianos franceses, Bakunin, que ingresó en 1868 en la Internacional, protagonizó un duro enfrentamiento con Marx en el Congreso de Basilea de 1869. La polémica giró en torno a la participación obrera en la política, rechazada frontalmente por Bakunin. Pero Marx consiguió que la mayoría del Congreso se declarara a favor de la organización de un partido obrero. El fracaso de la Comuna influyó en el de la AIT. Tras dicha derrota la organización comenzó a desintegrarse, como como lo demuestra que en el Congreso de 1871 en Londres no se reunieran mas que cincuenta representantes. En el Congreso de La Haya (1872), los anarquistas fueron expulsados de la AIT, aunque éstos convocaron otro congreso en Saint-Imier para rechazar los postulados marxistas.
Pero tampoco debe olvidarse la persecución de los gobiernos y las clases dominantes europeas que comenzaron a ver el internacionalismo obrero como un factor desestabilizador para el orden que habían establecido después de haber derribado las estructuras del Antiguo Régimen. En Francia se aprobó una ley excepcional dirigida concretamente contra la AIT. El papa Pío IX lanzó una fuerte crítica a los suizos por acoger en el país helvético a los refugiados de una organización que condenó como enemiga de Dios. En Alemania Bismarck comenzó a diseñar la política antisocialista que se iría desarrollando posteriormente.
Por otra parte, el poderoso movimiento obrero británico se desinteresó mucho del internacionalismo, centrando sus esfuerzos en intentar participar en la política británica luchando por la reforma electoral y buscando alianzas con los liberales para conseguir llevar diputados obreros a los Comunes.
En todo caso, la Primera Internacional supuso un capítulo capital en la toma de conciencia de los trabajadores, tanto en lo socioeconómico como en lo político, desarrollando el movimiento obrero en toda Europa, especialmente, donde se encontraba menos desarrollado. Sería una semilla que germinaría muy pronto con la creación de las primeras formaciones políticas de signo socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.