La cuestión de la mujer en el inicio de la Revolución Rusa
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En el cambio que supuso el surgimiento del comunismo en Europa occidental, se planteó una crítica a cómo el socialismo había tratado la emancipación femenina. En estas cuestiones la figura clave fue Clara Zetkin, que después de estar en creación de la Liga Espartaquista y del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, que se había escindido del SPD, ingresaría en el Partido Comunista de Alemania (KPD), en el que desempeñaría importantes responsabilidades, para estar también en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Pues bien, ella formuló la crítica al socialismo clásico en relación con el feminismo. De 1918 es su escrito La revolución y las mujeres, donde quiso demostrar la necesidad de la alianza entre el movimiento feminista con el movimiento obrero.
El primero debía perseguir los objetivos del segundo, aunque no desarrolló claramente las razones. En realidad, Zetkin estaba reflejando con su defensa a ultranza que las mujeres se uniesen a la lucha del proletariado la realidad el momento, cuando se consideraba que la socialdemocracia alemana había traicionado a la revolución.
En su trabajo Directrices para el movimiento comunista femenino planteó ya de forma más clara la diferencia entre una postura socialista o socialdemócrata de otra comunista en relación con la cuestión femenina. Esa diferencia se sustentaba en una crítica de lo que habría terminado por hacer la Segunda Internacional, donde ella había comenzado a luchar tanto. Al final, en su opinión, la organización internacional habría dejado la solución de las aspiraciones de las mujeres en manos de las organizaciones sindicales y de los partidos socialistas de cada país, profundizando con ello en la gran diferencia o abismo entre teoría y práctica, propios del reformismo, que tanto estaba combatiendo. La Segunda Internacional, por ejemplo, habría permitido que las organizaciones inglesas luchasen por la introducción del voto restringido de la mujer, o que los socialistas belgas y austriacos no incluyesen en sus programas la reivindicación del derecho al sufragio de las mujeres.
La Segunda Internacional, en fin, no habría creado un órgano que promocionase internacionalmente la realización de las reivindicaciones de las mujeres. La organización internacional de las mujeres obreras y socialistas habría nacido por una acción al margen de la organización, de forma autónoma, seguramente, pensando en su propia labor en la creación de las Conferencias internacionales.
Además, Zetkin debía estar pensando en que muchos socia- listas no habían hecho nada por fomentar la creación de organizaciones concretas en favor de las mujeres en el seno de los partidos socialistas, un mal que también vio en algunos comunistas, como confesaría al propio Lenin.
Pues bien, ya triunfante la Revolución de Octubre fue otra mujer, esta vez rusa, la que protagonizó la nueva política en favor de la emancipación femenina. Aleksandra Kolontái, fue la primera mujer que estaría en el gobierno de un Estado. Efectivamente, fue elegida Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública en el primer Gobierno bolchevique. En esta responsabilidad se empeñó en trabajar en favor de los derechos y las libertades de las mujeres, especialmente a favor del sufragio, y en relación con la igualdad salarial y la dignificación del trabajo femenino. En su obra Orígenes de la familia señaló que en la sociedad comunista la igualdad, el reconocimiento recíproco de los derechos y la fraternidad debían ser las reglas que definiesen las relaciones entre hombres y mujeres.
Sobre la liberación de la mujer escribió dos obras importantes, La Nueva Mujer y El Amor en la Sociedad Comunista. En el comunismo se daría la mujer nueva que se caracterizaría por tener su propia personalidad, sin ser complemento del marido. La mujer dejaría de ser una propiedad dentro del matrimonio. Éste se convertiría en una unión libre entre ambos sexos, basado en el amor y no es una relación contractual.
La Revolución hizo un gran esfuerzo para la liberalización de la mujer en relación con el varón, especialmente al poner a ambos en plano de igualdad en relación con el matrimonio. Además, se aprobó el divorcio y se legalizó el aborto. La mujer embarazada consiguió beneficios sociales, y las familias rusas con siguieron contar con servicios de guardería y de hogares para los niños y de ese modo poder trabajar ambos, además de atender a los huérfanos. Además, desde el poder se organizaron amplias campañas para informar a las mujeres sobre sus derechos, y sobre la igualdad entre los géneros.
En el año 1918, Kolontái fue una de las protagonistas en la organización del Primer Congreso Panruso de Mujeres Trabajadoras. A raíz de este Congreso nació el denominado Zhenotdel o Departamento de la Mujer, gracias al esfuerzo de Kolontái y también de Inessa Armand, una revolucionaria francesa que se vinculó intensamente con la Revolución en Rusia. El Departamento se encargó de promover la participación de la mujer en la vida pública, desarrollar programas sociales y luchar contra el analfabetismo femenino. La organización buscaba atraer a las mujeres a la causa socia lista. El Zhenotdel contó con su propia publicación, la revista Kommunistka (Mujer Comunista), Kolontái participó activamente en la misma, siempre atenta a crear la nueva mujer de Rusia, así como la propia Armand hasta su fallecimiento por el cólera.
El Zhenotdel fue disuelto por decisión de Stalin en 1930 porque consideró que la cuestión femenina ya estaba resuelta.
Otras de las revolucionarias más destacadas y muy preocupada también por la emancipación femenina fue Konkórdiya Samóilova. Además, fue una de las fundadoras y editora del diario Pravda
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.