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La táctica y las huelgas, en Jaurès


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En un número anterior de El Obrero insertamos un texto breve de Jaurès sobre las huelgas. Pues bien, queremos seguir profundizando sobre sus ideas al respecto a partir de un escrito más extenso, que Vida Socialista publicó en España en el verano de 1911. Se trataría de una defensa de la táctica doble socialista de lucha económica-social y política frente a la táctica anarcosindicalista.

Jaurès consideraba que había sindicatos y bolsas de trabajo (recordemos que estamos hablando de un personaje francés) que tenían como estrategia apartarse de la lucha política, rehusar los mecanismos del arbitraje, y tender a convertir las huelgas parciales en generales y violentas. Era evidente que Jaurès era radicalmente contrario a esta posición, y que estaba hablando de los anarcosindicalistas. Muy crítico, como decíamos, afirmando que ese concepto de la revolución social era infantil. Las huelgas no podían dejar de tener nunca un carácter político, que no se podía eliminar. Por fin, si los trabajadores renunciaban a ejercer influencia sobre los poderes públicos se abandonaban las conquistas conseguidas a raíz de intensas luchas.

Los conflictos obreros transformaban las relaciones jurídicas existentes entre patronos y obreros al crear otras relaciones, que debían ser determinadas por nuevas leyes.

La lucha de los trabajadores estaba, por lo tanto, íntimamente ligada a la de las clases sociales. Si los obreros eliminasen a los políticos y renunciasen a ser representados, aparecerían otros que no tardarían en revelar su propósito, que no eran otro que el de beneficiar a la reacción.

También era calificado de pueril el rechazo al arbitraje que, como sabemos, fue un puntal del movimiento obrero de signo socialista. Se podría aceptar su inexistencia si los conflictos parciales desembocasen en la transformación completa del sistema económico, es decir, con el régimen de propiedad, la implantación del comunismo, la abolición de las clases, pero parecía evidente que seguiría habiendo muchas huelgas sin que el sistema capitalista se resintiese y que terminarían mediante la negociación entre patronos y obreros, algo que beneficiaba, según Jaurès, a los últimos porque les aseguraba “igual autoridad y derecho”.

Por fin no creía que las huelgas parciales pudieran convertirse en huelgas generales con eficacia revolucionaria. Las revoluciones se podían realizar por la emisión de un decreto, pero tampoco se ponían en marcha por un impulso. Las crisis revolucionarias surgían cuando siendo imposible una solución legal el proletariado decidía que solamente se podía emprender el camino de la huelga general, y se pasaba al asalto de las instituciones “capitalistas”. La revolución aspiraría desde el primer momento a variar por completo las relaciones económicas. Pero no le parecía probable esa huelga general revolucionaria al socialista francés, muy en la línea de lo que la mayoría del socialismo de la Segunda Internacional defendía.

Y no se lo parecía porque consideraba que el mejor camino para la transformación era la evolución “penetrante y profunda”. Cuando esa evolución hubiera llegado a su punto entonces era posible que una huelga general fuese la manifestación decisiva de la revolución. Pero hasta que se llegase a ese punto toda huelga general era prematura.

Jaurès opinaba que, en ciertas sociedades obreras y bolsas de trabajo de su país, especialmente en París se creía que los fracasos de la huelga general eran ocasiones propicias para promover el método antipolítico de lucha. Pero el socialista defendía el hecho de que ninguna táctica podía asegurar o garantizar a la clase proletaria el completo éxito inmediato. La lucha estaba siempre llena de victorias, pero también de fracasos. Renunciar a un método o procedimiento de lucha porque no ofrecía el éxito total inmediato no significaba más que incapacidad. Los métodos exigirían siempre tiempo y perseverancia.

Hemos trabajado con el número 81 de Vida Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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