Eladio Artamendi y la Tercera Internacional
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Continuamos recabando información sobre las posturas de los socialistas en relación con las 21 condiciones de la Tercera Internacional, y la posibilidad de que el Partido Socialista ingresara en la misma. Es el turno del armero vizcaíno Eladio Artamendi.
Nuestro protagonista pasó un tiempo en Asturias para trabajar en la fábrica de armas de Trubia. Miembro de la UGT, fue protagonista de la huelga general de 1917, lo que le valió una detención y numerosas torturas. Al salir de prisión regresó al País Vasco en Éibar, donde trabajó en la Cooperativa Socialista Alfa, y luego en Tolosa. En ambos lugares perteneció a las Agrupaciones Socialistas. Fallecería en 1934.
Artamendi consideraba que no era de fácil solución como defendían los comunistas la cuestión del ingreso en la Tercera Internacional. Y la razón era que, a pesar de la delegación enviada a Rusia, refiriéndose seguramente a la misión de Anguiano y De los Ríos, la situación de aquel inmenso país era casi desconocida. Solamente se sabía que allí había un régimen socialista y comunista, que tenía las simpatías socialistas españolas y al que nunca se le negaría el apoyo, hasta material si fuera preciso. Estos apoyos bastaban para demostrar que los socialistas españoles eran leales a la República de los Soviets.
Artamendi reconocía que no era un teórico, pero sí que poseía experiencia en las realidades de la vida para poder llegar a formular deducciones. Y por eso, consideraba que era un sacrificio estéril el ingreso en la Tercera Internacional porque mas que de normas escritas “de cierto orden ideológico”, de lo que se necesitaba era conseguir alcanzar compromisos que sin fuerza no podían tener garantía de aplicación. Se tenía necesidad de fortalecer las organizaciones, de reconstituir la fuerza, pero se estaba discutiendo un problema que se consideraba como fundamental cuando no lo era, porque ya estaban todos los socialistas detrás de Rusia, y lo único que estaba provocando era una perturbación en la vida del Partido Socialista, adivinándose una división que solamente beneficiaba al capitalismo.
Insistía en que pretender que se aceptasen cosas que, a sabiendas, no se cumplirían, en alusión a las condiciones, y que ello se tomase como pretexto para producir una escisión entre los socialistas españoles no se podía considerar ni “medianamente” socialista.
No querían más a Rusia los que más alborotaban, que los que consideraban las 21 condiciones como inaceptables por impracticables.
Las condiciones de Rusia no podían ser condiciones para España, y esta diferencia debía tenerse en cuenta, sin olvidar, como ya había expresado, que estar en contra de las mismas no eran era ir en contra de Rusia porque con su revolución el socialismo español estaba identificado, es decir, Artamendi insistía en varios argumentos muy propios de los contrarios a la entrada en la Tercera Internacional: la imposibilidad de cumplir las condiciones por ser impracticables, en relación, además con la realidad española que nada tendría que ver con la rusa, y que esta negativa no significaba estar en contra de la Revolución rusa en sí.
Hemos trabajado como fuente con el número 3794 de 8 de abril de 1921 de El Socialista. Sobre Artamendi podemos acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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