La dificultad de integración de los trabajadores intelectuales en la OIT (1926)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En un artículo anterior estudiamos las opiniones de Largo Caballero a resultas de un estudio que había emprendido la OIT sobre un sector de trabajadores intelectuales, los ingenieros y los químicos. Largo planteaba la tesis socialista de que los trabajadores intelectuales eran como los manuales, todos ellos pertenecientes a la clase obrera, y abogaba porque los intelectuales comprendiesen esta cuestión porque también estaban siendo explotados. Debían abandonar su indiferencia. Si se unían a sus compañeros manuales dentro del sindicalismo de clase podrían avanzar frente a los numerosos problemas que les afectaban.
Pues bien, dos años después de aquel artículo de 1924, la OIT tomó a finales de enero de 1926 una resolución que va en la línea de lo que Largo explicaba, al denegar la petición de la Confederación Internacional de Trabajadores Intelectuales.
Al parecer, esta organización había solicitado ingresar en la OIT, pero planteando que los trabajadores intelectuales tuvieran su representación propia. Como es sabido, en la OIT había representantes o delegados gubernamentales, patronales y obreros. Pues bien, la organización de los trabajadores intelectuales pretendía contar con representantes propios al lado de los obreros, patronales y gubernamentales.
Los socialistas españoles elogiaron la decisión tomada en Ginebra porque consideraban, como lo había ya formulado Largo Caballero, que los intelectuales eran trabajadores, y como tales debían organizarse y unirse a sus compañeros manuales, es decir, a sus “compañeros de explotación”. El proletariado internacional estaba representado por la conocida como Internacional de Ámsterdam, que contaba con delegados en el Consejo de Administración de la OIT con arreglo a lo que determinaban sus estatutos. Así pues, había un problema si la Confederación de trabajadores intelectuales quería integrarse en la OIT y defendía que nada tenía que ver con los trabajadores manuales, porque tampoco eran miembros de la patronal, ni mucho menos de los gobiernos.
En conclusión, parecía incomprensible e inaceptable para los socialistas españoles que los trabajadores intelectuales se mantuvieran al margen, aislados en su torre de marfil, sin querer establecer lazos con los obreros manuales.
Hemos trabajado con el número 5.302 de El Socialista, de 1 de febrero de 1926.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.