Los socialistas españoles ante la ejecución de Roger Casement
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En un anterior trabajo en este mismo medio estudiamos la denuncia efectuada por Roger Casement sobre la explotación y masacre que sufrieron, a causa de la fiebre del caucho, los indios del Putumayo, y cómo se hizo eco de estos hechos el socialismo español a través de su periódico, en el mes de julio de 1912. Aprovechamos en ese momento la ocasión para acercarnos a una figura, sin lugar a dudas, intensa, y que sirvió de inspiración a Vargas Llosa para una novela. Casement fue un luchador incansable contra los abusos coloniales en la Amazonia, como antes en el Congo, y a él se debe que el mundo reaccionara ante hechos que constituyeron verdaderos genocidios.
Pero el irlandés Casement también fue, a pesar de su servicio como diplomático y el reconocimiento que recibió en el propio Reino Unido, un declarado nacionalista, que se involucró en la independencia de Irlanda, y estuvo en las negociaciones con los alemanes previas al Levantamiento de Pascua. Por ello sería arrestado y acusado de traición, sabotaje y espionaje contra la Corona. Todo el reconocimiento previo se hundió porque, además, la prensa cargó contra él en una campaña durísima, no sólo por este hecho sino porque se le presentó como homosexual y pederasta. Fue juzgado, y condenado a muerte. Sería ahorcado el 3 de agosto de 1916, a pesar de que una parte destacada de la intelectualidad británica abogó por su vida.
Pues bien, los socialistas españoles se hicieron eco de la condena y de la ejecución, mostrándose completamente contrarios. El primero de agosto de 1916 se insertó en El Socialista una columna donde se valoraba que, además de la dimensión nacionalista de Casement, era un hombre de corazón compasivo, y que había denunciado los horrores del Putumayo, poniéndose frente a las empresas capitalistas en una campaña que calificaron de inolvidable. Además, también se recordaba que había sido un servidor del Gobierno inglés, y que, por ello, había sido muy elogiado.
Los socialistas no obviaban la dimensión nacionalista de Casement, aunque, presumiblemente, era lo que menos les gustaba, como tampoco sus vínculos con Alemania en plena Gran Guerra, pero destacaban que no era ni un Cambó ni un Prat de la Riba, alusión harto interesante, porque se estaba diciendo implícitamente que no era un representante de la burguesía. También reconocían que Casement era muy impulsivo y que muchas veces obraba por vanidad para que se conociera su nombre. Pero eso no hacía menos bueno lo bueno que había hecho. En todo caso, se decía, Lord Casement no merecía morir, no merecía ser ejecutado. Como tampoco lo merecían los primeros que habían sido fusilados en relación con la cuestión irlandesa. Nada justificaba le pena de muerte, ni tan siquiera por la gravedad de la situación o por lo inoportuno del Levantamiento. Tenemos que entender que los socialistas no creían en las luchas nacionalistas, ni tampoco comulgaban con la causa alemana, pero, también eran fieles a su secular repulsa de la pena de muerte.
Cuando Casement fue ejecutado el periódico socialista dio cuenta del hecho y publicó una nota donde se lamentaba del mismo, considerando que no era propio de Inglaterra ni estaba en el espíritu de la democracia británica.
Hemos trabajado con los números 2629 y 2632, del mes de agosto de 1916, de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.