Baruch Spinoza. Obras e ideas. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En la “Ética”, obra maestra de Spinoza, empezada a inicios de los años 1660, así como en el “Corto tratado de Dios, del hombre y de su bienestar”, obra algo más precoz (puede que, de 1660, sólo cuatro años después de su excomunión) que contiene numerosos pensamientos de la “Ética”, Spinoza niega fundamentalmente, la idea de que el alma humana sea inmortal, en el sentido de que tendría una vida después de la muerte, cree que el alma individual, perece con el cuerpo. Así no existe nada que esperar o temer, en términos de retribución o castigo eternos. De hecho, sugiere, que la esperanza y el temor, no son sino otra cosa, que los afectos que los dirigentes religiosos manipulan, para mantener el rebaño en estado de sumisión y adoración. La idea de Dios actuando como un juez libre, que dispensa recompensas y castigos, se funda en un antropomorfismo absurdo: “así se admitiría que los dioses, dirigen todas las cosas para uso de los hombres, con el fin de atarlos y, ser tenidos por ellos en el más gran honor; por lo que sucede que todos, en referencia a su propia complexión, inventaron diversos medios para rendir culto a Dios”.
Superstición, ignorancia y prejuicio, son así la base de la religión organizada. En realidad, repite Spinoza, Dios es simplemente substancia infinita y, en tanto que tal, idéntico a la Naturaleza. Niega, igualmente, que los seres humanos sean libres en cualquier sentido, o que puedan hacer lo que quieran “de ellos mismos”, para contribuir a su salud y, a la santidad de su alma.
Una de las lecciones fundamentales, del “Tratado teológico-político”, obra posterior, es que el “Pentateuco”, es decir, los cinco primeros libros de la Biblia hebraica, no fue escrito por Moisés y, que sus preceptos, no son literalmente de origen divino. Al contrario, son enseñanzas morales que vehiculan un “mensaje divino”. La Biblia es obra de diversos autores y redactores más tardíos y, el texto que nos ha llegado, es el resultado de un proceso natural, de trasmisión histórica. Sostiene igualmente Spinoza, que si los hebreos son “elegidos”, mediante alguna forma significativa, eso se debe al hecho, de que se les ha dado una “felicidad temporal del cuerpo” y, un gobierno autónomo. Con la ayuda de Dios, han llegado a subsistir por un largo periodo de tiempo, en tanto que nación, unidad social, disponiendo de ciertas leyes particulares. La noción del pueblo judío como “pueblo elegido”, no tiene ninguna significación metafísica o moral. Los judíos no son, ni una nación moralmente superior, ni un pueblo mejor a los otros en sabiduría.
Claramente esas no eran ideas o sentimientos, que pudieran complacer a los rabinos, de una comunidad judía del siglo XVII. Existen razones convincentes para creer, que ciertas de esas opiniones, que Spinoza comenzaría a poner por escrito hacia el 1660, o un poco más tarde, las tenía ya bien claras en 1656. Diversas fuentes afirman, que inmediatamente después de su expulsión de la sinagoga, Spinoza compuso una “Apología” o “justificación”, de su “alejamiento” de la religión judía. Pretendidamente escrita en castellano (según Bayle), este manuscrito mítico, que se supone haber tenido por título “Apología para justificarse de su abdicación de la sinagoga”, no fue jamás impreso, ni nunca descubierto. Si una tal obra existió, no fue probablemente un texto que Spinoza destinara a los “parnassim” (directores de la comunidad judía) o a los rabinos de la congregación; no hay razón alguna para pensar, que buscara o soñara, dirigirse formalmente, a los que lo habían excomulgado. Salomón van Til, profesor de teología en Utrecht, una de las fuentes de Bayle, escribía en 1684:
“Él expuso esas ideas con detalle, en un tratado contra el Antiguo Testamento escrito en castellano, con el título de “Justificación de mi alejamiento del judaísmo”. Pero, por consejo de sus amigos, guardó el escrito para sí mismo, e intento insertar esas cosas, más hábilmente y más sobriamente, en otra obra que publicó en 1670, bajo el título de “Tratado teológico-político”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.