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El deber de las generaciones previas en el socialismo español


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En estos agitados tiempos hemos asistido a cómo una parte de las generaciones previas del Partido Socialista han cargado contra la forma de llevar la política de la generación actual, encabezada por el secretario general y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, especialmente en relación con la investidura, los pactos con los nacionalistas catalanes y el asunto de la amnistía. No han sido todos sus componentes, ni mucho menos, ya que algunos han optado por la defensa en primera línea de lo que se estaría haciendo ahora, como Zapatero, o han adoptado una estratega expectante y de dejar hacer, según el proceder, por ejemplo, de Solana. Pero, es indudable que dos personajes de la importancia de González o de Guerra tienen una enorme repercusión mediática por su evidente importancia histórica reciente, y porque, además, su crítica pública puede ser empleada por los adversarios políticos de la derecha. Esa actitud estaría generando una evidente polémica en el seno del socialismo español.

Entonces, ¿cuál pensamos que es el deber de las generaciones previas de una formación política, y en este caso, de la socialista, en relación con la forma de actuar de la que se encontraría en el presente en la responsabilidad de gobernar el partido, pero, sobre todo, el país?

A nuestro entender, el problema parte de una conjunción de factores que tienen que ver con la forma en la que se gobernó antes el país y el partido, las cambiantes realidades políticas que evolucionan, y actualmente a mayor velocidad que en el pasado, y también, con algo que trasciende las coyunturas y que puede relacionarse con las posiciones que los más veteranos tienen hacia los que llegan después, y que se puede ver en casi todos los ámbitos de la vida.

Creemos que una actitud sabia tiene que sustentarse, y se nos permite el consejo, en la mesura, en el sentido de que cuando somos importantes, aunque ya no estemos en puestos de responsabilidad y de primera línea, debemos medir lo que expresamos, de calibrar si lo que decimos puede hacer o no daño a nuestra formación, de que lo que decimos puede ser interpretado, empleado y hasta tergiversado o sacado de contexto por los adversarios políticos que, aunque también han cambiado en relación con sus precedentes y que fueron oponentes de esa generación socialista en el pasado, siguen siendo adversarios y con evidente poder, o seguramente más que cuando dicha generación socialista gobernaba. Pero, además, debemos hacer un esfuerzo para ser autocríticos con la manera en la que se gobernó el país y el partido en el pasado, con sus grandezas evidentes, pero también con miserias importantes. Y, sobre todo, observar que nuestro país y el mundo no es el de los años ochenta ni el de los noventa. No se puede cargar contra los más jóvenes porque, además no pueden conseguir mayorías absolutas en esta España actual, además de considerar que tales no son ni fueron tan maravillosas ni cuando fueran propias.

Una de las grandezas de la generación de González y Guerra fue estar en el momento oportuno y entender que su país no era el de 1939, que el tiempo del Partido en el exilio había pasado, que la generación que gobernaba la formación lo hacía con lastres, que no conocía a los españoles y españoles de principios de la década de los setenta. Seguramente, habría que haber hecho un esfuerzo mayor para atender a los mayores en Toulouse, y hoy ya se comenzado a valorar que sin el trabajo de aquella generación, con Llopis a la cabeza, se hubiera interrumpido la historia del partido, algo nada baladí, por cierto. Seguramente, a lo mejor, habría que haber tenido más cintura, pero, indudablemente, hubo que cambiar si se quería influir, llegar al poder y transformar aquella España de la grisura o de la negrura. Cincuenta años después, a lo mejor, hay que viajar con la mente a Suresnes, y pensar, reflexionar, y aprender del pasado para entender el hoy de tu partido. A lo mejor se seguirá pensando que la forma de actuar o la estrategia política de los que hoy tienen la responsabilidad no parece la adecuada, pero, seguramente, en nuestra modesta opinión, se pueden hacer las cosas de otra manera, criticar de otra forma y medir donde decimos las cosas, y, sabios como son, entender la perspectiva. No es la derrota de una generación, no, no lo es, como hemos escuchado, porque ellos dos, en realidad, son dos vencedores, pero de su tiempo. Hoy es el de otros. No se, hay un señor de una generación intermedia, entre ambas, que puede servir de inspiración. Seguramente no tendrá el lugar destacado en la Historia de los dos anteriores, pero sí nos ha hecho ver que la empatía y la sensibilidad pueden ser guías para servir siempre a la causa en la que se cree.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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