Una brevísima reflexión sobre Suresnes
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Lamentablemente, no parece que el PSOE esté recordando lo que ocurrió en Suresnes en 1974, pero allí se cerró un proceso iniciado ya anteriormente, sobre un Partido que había sufrido mucho en el franquismo, especialmente en el interior, y que parecía envejecido en sus planteamientos y cuadros. Esta afirmación de envejecimiento no deber ser considerada como un menosprecio a los que, desde el exilio, con Rodolfo Llopis al frente, habían dirigido la formación. Ni mucho menos. Ellos fueron los que mantuvieron el emblema de la principal fuerza política de la izquierda española de los tiempos de la República, y de un partido con una intensa historia propia y fundamental para la historia de nuestro país. En la adversidad el PSOE no desapareció nunca.
Pero la España que estaba cerca de ver el fin de uno de los dictadores más longevos de la historia contemporánea ya era otra, y otras eran las contradicciones que se habían presentado. Así es, en los años treinta el país vivió intensos desequilibrios económicos y políticos porque no había podido asentar en su pasado inmediato una transición pacífica desde el Estado liberal a uno plenamente democrático, con urgencias de cambio, resistencias numantinas al mismo, y todo en una Europa donde la democracia estaba en franca crisis y donde los problemas económicos eran de una intensidad no conocida hasta entonces. Y el PSOE tuvo una responsabilidad, junto con los republicanos de izquierda, de afrontar todos esos retos, no coronando con el éxito sus intensas reformas por distintos factores, que ahora no vienen al caso. Esa hora ya había pasado hacía mucho tiempo, después de una guerra cruel y de una dictadura férrea, monolítica, vengativa y gris. A pesar de la crisis económica de los años setenta la realidad social y económica era distinta, sin lugar a dudas, y eso entraba en contradicción con la negativa a cambiar políticamente por parte de un régimen que seguía basándose en su mitología prefabricada sobre su supuesta misión como salvador de España y que parecía darle el privilegio de monopolizarlo todo. El PSOE tenía una nueva responsabilidad, y si no quería verse orillado o desempeñar un papel muy secundario tenía que cambiar. Era la hora, y se hizo, seguramente con dolor para los que perdieron en Suresnes, quizás se podría haber hecho de otra manera, o con más delicadeza, pero eso son meras especulaciones y elucubraciones. Se hizo y los historiadores debemos contarlo. En Suresnes se pusieron los pilares para que el PSOE volviera a ser, y aún más, un protagonista de primera magnitud en España. Y decimos más que en el pasado porque se convirtió en una alternativa al poder, y, realmente, en la formación política que en solitario o en coalición más tiempo ha estado en el poder desde que lo alcanzó en la épica noche del 28 de octubre de 1982.
Sin duda, aquella generación liderada por Felipe González y Alfonso Guerra hizo historia, y por ello merecen ocupar un lugar destacado en la de España, independientemente de los costes y contradicciones que las decisiones políticas tomadas tuvieron tanto para el PSOE como para España. Fue su hora y estuvieron allí. No es el momento ahora de los reproches sobre lo que dichos personajes puedan hacer o dejar de hacer en el presente, sino la de recordar que en aquel lugar cambió un partido que ya estaba a punto de ser centenario, pero también nuestro país. Seguramente, el PSOE actual tendría que haberlo recordado más o mejor.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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