La izquierda despierta de un sueño que parecía imposible
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Lo que estamos viviendo en estos días sobre la violencia machista en relación con un personaje de primera línea de la izquierda tiene muchas lecturas y presenta distintos aspectos que generan y generarán no pocos debates y polémicas.
Por nuestra parte, en esta pieza de opinión queremos hacer algunas reflexiones en relación con el descubrimiento por parte de la izquierda de que esta lacra de la prepotencia, la violencia y los comportamientos intensamente machistas que sufren las mujeres no son patrimonio de un determinado universo político o ideológico, por mucho que se den en el mismo. Pero todo eso existe en el presente y existió en el pasado también en la izquierda. Al parecer, distintos factores (educación, mentalidades) hacen que hombres que son valientes en su lucha por la igualdad, en la denuncia de las injusticias, en la defensa de los valores más intensamente humanistas que informan el complejo y diverso mundo de la izquierda, tienen o desarrollan comportamientos detestables e intensamente contradictorios con los que se defienden al salir por la puerta de casa o en el mismo hogar a través de las redes. Las contradicciones son muy humanas y todo el mundo las padece pero siempre deben ser analizadas, solucionadas o mitigadas, y no darse en aspectos que deben ser fundamentales en hombres que defendemos determinadas formas de entender las relaciones humanas y con el medioambiente, de afrontar la política, la economía, la cultura, en fin, la vida, en general. Las posturas a lo Robespierre pueden conducir a la intransigencia pero la contradicción que supone defender la igualdad de género y luego comportarse en la vida privada con parejas, amigas o compañeras como un déspota es peor aún. No vale ninguna explicación, ni excusa, ni aludir al estrés de la vida pública. No vale decir que eso se podría dar más en los contrincantes políticos porque su ideología se haya basado en el imperio del patriarcado y de la supuesta superioridad masculina, etc. Y no lo es, porque, en realidad, esas bases ideológicas habrían terminado por contaminarte.
Ser de izquierdas es un ejercicio personal muy complicado tanto por los ataques que se padecen desde el otro universo y hasta del denominado “fuego amigo”, como porque exige un trabajo constante de estudio, análisis y de trabajo sobre las contradicciones en las que podemos incurrir, obviando, además, los dogmatismos y prejuicios que nos puedan asaltar. Pero, sobre todo, debemos entender, y parece tan difícil hoy en día, lo que, en realidad es la igualdad, la esencia de la izquierda, junto con la libertad y la tan ridiculizada fraternidad.
La izquierda despierta, aunque esto ha ocurrido siempre, de un sueño que parecía imposible. Pero solamente lo parecía, porque existe.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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